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viernes, septiembre 12, 2008

Recuerdos de la UPLA VI: La Terrorífica Pensión de la Checha


Cuando quedé matriculado en la UPLA con mi padre nos dedicamos a buscar alrededor de la Universidad una pensión para alojar en esta etapa de mi vida. Después de algunas horrendas alternativas finalmente llegamos a la calle Quebrada Verde 40, en la subida del cerro Playa Ancha donde decidí quedarme ya que el lugar se veía al menos sólo un tanto mejor que los otros.

Era una mansión de dos pisos antigua y derruida, con una majestuosa fuente que hace años no expelía agua, un amplio patio y unos cuantos perros pulgosos que pululaban por allí. Cada vez que me miraban esos tiñosos perros tenía la convicción que millones de ojos de parásitos saltarines se enfocaban en mi y en mi sangre. Era imposible rozarlos o acariciarlos sin que te saltaran un puñado de pulgas hambrientas.

Por dentro tenía una división interminable de piezas a puro panel para hacer rentable el negocio del pensionado y una decoración de mal gusto lleno de esos cuadros de telas de Jesús y la Virgen en colores chillones, harto cobre, y naturalmente La Ultima Cena en 3D además de unos muebles antiguos modulares simples y añejos.

La dueña y administradora del lugar era doña Checha, una señora gorda, rubia tinturada, lentes gruesos y vestidos floreados, algo así como una Bachelet cuarto mundista. Vivía allí junto a su hija Chechita madre soltera de unos 18 años que tenía a su vez su guagua el Chechito y a un hijo bigotón taxista. Además tenía otros dos hijos que residían en Suecia como falsos exiliados, es decir aquellos que inventaron ser perseguidos políticos sin serlos y que profitaron injustamente de la buena voluntad de los nórdicos.

La Checha siempre me trató bien, yo era el único estudiante hombre de la pensión en medio de 9 niñas y ella pertenecía a esa generación de mujeres machistas que piensan que a los hombres se les debe servir primero y brindar atenciones especiales y en cambio las mujeres jóvenes son como hembras medias prostituidas a las que siempre había que darles con la escoba. Ejemplos de lo anterior era que yo me podía duchar cuanto quería pero en cambio a las niñas les cortaban el calefón a los 10 minutos, yo tenía doble ración de comida normal, ellas un te y pan con “chancho” -como ella le gustaba denominar a los lejanos sucedáneos del jamón- yo tenía llaves y libertada horaria y ellas debían estar en la casa antes de las 21:00 o si no se quedaban afuera.

Ahora bien ser hombre también tenía ciertos inconvenientes. El único baño del segundo piso daba a la pieza de la Checha, su hija y su nieto, dormían todos juntos en la misma habitación. Ese baño tenía por tanto dos puertas una que daba al pasillo por donde nosotros entrábamos y otra con incrustaciones de vidrio a la usanza antigua que daba a la pieza familiar. Normalmente las cortinas que cubrían esa puerta estaban cerradas, pero coincidentemente cada vez que yo me duchaba aparecían abiertas.

Me acuerdo mucho de ese lugar porque fue donde pasamos harto tiempo con mi primera polola la Patty, y en ello la “Checha” no tenía problemas morales en que yo llevara a mi chica a la pieza. Incluso en el verano me guardó el espacio para que pudiera ocuparla “cuando quiera y aunque no tenga clases puede ocupar esta pieza pa que traiga a su niña”

Ya que estaba enamorado de la ciudad y de mi polola todo el entorno me daba lo mismo. Por ejemplo no me importaba mucho que todas las noches en mi habitación se escucharan sonidos de patitas con cola, ni el hecho que me pasé casi un año enronchado por las pulgas. Tampoco reparé en la gran cantidad de mujeres que entraban y salían de esa casa, algunas esperaban pacientemente afuera de la primera pieza que daba a la puerta a la que nadie podía ingresar a que bajara la dueña de casa. Tampoco mucho en las imágenes religiosas y el cristo colgado del segundo piso. Allí pase un año embriagado de sensaciones y con 0 conciencia de nada.

Pasados unos algunos años cuando ya había dejado hace tiempo la morada de la Checha fui a buscar unos libros a la biblioteca y me atendió por casualidad la bibliotecaria en persona, al pedirme el carnet reparó en la dirección y me dijo que también había vivido en esa pensión.

- Cuanto tiempo resististe ahí..
- Casi un año.
- No te fijaste que era abortera?.


Ahí me encajaron varios puzles especialmente el porque eran tantas mujeres jóvenes que esperaban compungidas en la antesala del primer piso. La Checha era una abortera inescrupulosa de mala muerte sin ningún manejo médico.


- Te diste cuenta del cristo grande de madera del segundo piso?.
- Si lo vi pero no le prestaba mayor atención, me producía cierto rechazo.
- Si pues si te hubieses fijado ese cristo no estaba sufriendo sino que se estaba riendo.

La vieja era también bruja y practicaba la magia negra, la casa estaba llena de imágenes como el famoso cristo y otros símbolos raros a los que nunca le presté atención.

Como se ve en esa mansión del terror pasé un año de mi vida con cero conciencia ni empatía con el entorno, con la cabeza llena de pajaritos y corazones.

jueves, agosto 21, 2008

Recuerdos de La UPLA V: Gabriel Garate el Maestro Perturbado


Gabriel Garate llegó a nuestras vidas universitarias por varias vueltas carambolezcas del destino, el profesor que poseía la cátedra de Geomorfología se enfermó y debió tomar licencia, su reemplazante –aun recuerdo que era un tal Muñiz- renunció antes de asomarse y así después de dos meses de vacío y clases perdidas un mal día apareció Garate.

Era un hombre joven, alto y enjuto, de vestir deportivo y pelo colorín. Pero si había un rasgo físico que lo retrataba con certeza era su mirada. Ella me recordaba las historietas de Condorito y sus chistes de locos en los cuales los ojos de estos eran unos espirales indicando movimiento y desequilibrio, y como quedaría demostrado su mirada no mentía.

A la primera clase no asistí porque pensé que una vez más sería hora libre, pero pude ver las caras de mis compañeros cuando salieron; Estaban pálidos, hablaban poco, yo diría que estaban traumatizados. La cosa no se venía fácil, y cuando por fin asistí a la clase experimenté el origen del terror y compartí en pocos segundos la perplejidad de mis amigos.

Garate gustaba de la multimedia, solía utilizar un proyector exhibiendo una transparencia, el problema era que tenía una disonancia muy seria entre lo que proyectaba y hablaba. Por ejemplo una clase exhibió un mapa que tenía de título “Geomorfología de América” y comenzó la exposición diciendo…. “Alumnos como ven hoy hablaremos…. De hidrografía de Europa”. Otro día nos pedía que asistiéramos con una brújula y calculadora y al iniciar la clases nos pedía que sacáramos nuestra regla y transportador, otra proyectaba una imagen de de tectónica de placas y decía que tal como aparecía en la ilustración hoy la asignatura trataría acerca de la Cordillera de la Costa.

Luego era dado a las reflexiones incoherentes y al mismo tiempo excesivamente vehemente. Recuerdo una vez que se supone nos hablaría de erosión y toda la clase se trató de la mediocridad chilena: “Chile es una mierda, un país de fracasados, proyectos inconclusos, atraso mental, falta de iniciativa”……..etc etc etc. Miles de millones interminables adjetivos en casi una hora…. Y cuando todo el mundo esperaba que saliera con algún argumento arribista a favor del primer mundo o algo con algún sentido como aquello, llegó la sorpresa “…. Debiéramos ser como el país más avanzado y poderoso del mundo…. Uruguay”… y sus ojos daban vuelta en espiral más y más rápido.

Otro día nos dijo que nos enseñaría a ocupar un instrumento geográfico y sacó de su maleta una brújula de aspecto profesional…. Nos la mostró acercándonosla a todos, como mostrando un artefacto nunca visto y comenzó… “¿Cierto que es linda mi brújula?... sin embargo la que tenía antes era mucho mejor…. Y saben porque no la tengo…… ¿Saben por que no?..” el hombre comenzaba a gritar poniéndose más rojo de lo que ya era…. “… porqué mi torpe mujer dejó que me hijo la agarrara. ¿Y saben lo que hice cuando vi a mi hijo con mi preciosa brújula destruida……… ¿Saben lo que hice?” … volvía a gritar y nuestros dientes castañeaban imaginando aterrados el destino del pobre niño y jurándonos interiormente jamás dañarle ni tocarle la brújula al delirante profesor… “¿saben lo que hice….” Y bajo la voz a un tono tierno y suave… y comenzó a batir sus palmas suavemente “si… lo aplaudí” y nos miró con una sonrisa cariñosa…… Sólo queríamos huir.

Su estructura pedagógica seguía el mismo “no” patrón, concluyó que como curso estábamos muy atrasados y sin base en geografía y por tanto decidió que no tendríamos una sola prueba durante toda la asignatura. Cuestión que iba contra toda lógica y reglamento pero que la mantuvo hasta el final…. Cuando llegaron los exámenes no teníamos ni una bendita nota.

Cuando en la clase hacíamos una pregunta o acotación nos podía llegar indistintamente y sin lógica alguna garrote o zanahoria:

Ejemplo: pregunta el profesor: “ ¿Que es el color blanco que exhiben las montañas en sus cumbres?”… todos nos miramos…. “¿Alguien se anima?”.

- “Nieves eternas profesor” respondió algún asopao.

- “Brillante… este chico será una gran luminaria, todos debieran ser como él, es el mejor de la clase y de la carrera…. Felicitaciones”.

Y ante una pregunta de otro estudiante como:

- “ ¿La fricción de las placas tectónicas siempre se da en forma horizontal profesor?”. Llegaba el castigo a veces al mismo que descubrió el blanco de los montes.

- “Acaso eres imbécil….. como has llegado acá descerebrado para hacer una pregunta tan idiota”.


Ante tal estado de cosas mis compañeros de cuarto año y yo llegamos al hastío. Es verdad que el zoológico docente playanchino daba para mucho pero esto ya había rebasado todos los límites y nos tenía con los nervios de punta. Sobre todo considerando que se acercara el fin de semestre, no teníamos ninguna nota puesta y estábamos en las manos de un orate para el examen final, que además prometía hacerlo oral. Para colmo supimos que para el segundo semestre Gárate nos iba a impartir dos ramos más. En vista de esto elaboráramos un documento en que detallábamos todas las irregularidades que habíamos vivido con lujo de detalle y recomendábamos el despido del profesor de la Universidad. Luego juntamos las firmas de la mayoría de nuestros compañeros para respaldarlo. El texto se lo enviamos al jefe de carrera, al director de departamento, y al decano. Fue un acto de valentía ya que se llegaba a oídos del profesor podía pasar cualquier cosa.

De hecho el profesor había logrado la simpatía de unos pocos alumnos que se sentían felices de que el colorin los felicitara de tanto en tanto aunque después los humillara. Eran normalmente compañeros con las peores calificaciones a los cuales cualquier cariñito era un bálsamo para su maltratado ego. Ese grupo comenzó a operar como los soplones del profesor y por obviedad la noticia de las firmas en su contra viajaron rápido hasta su oficina.

A raíz del documento el director de departamento nos mandó a llamar –ya le dedicaré algunas líneas a este otro personaje- y como era su costumbre de desidia populista con amabilidad y elocuencia nos expresó su impacto por las revelaciones del escrito, que estas cosas no podían pasar en nuestra querida universidad, que los profesores debían tener un filtro para ingresar, bla,bla,bla…… Así que agarró los cartoncitos que colgaban de su pared con la programación del segundo semestre y ahí mismo nos dijo:

- “Les voy a sacar “al Pajarito” -apodo de otro profe de geografía- a los de tercero y se los voy a dejar a ustedes. Y a los chicos de tercero les voy a chantar a Gárate. ¿Les gustan las clases del “Pajarito” niños?”.

Simple movida en el tablerito, tercero perjudicado, nosotros indiferentemente felices y todo solucionado. Y así, sin reparar en la ética de la movida quedamos encantados con la decisión, el “Pajarito” era un excelente profe. Pero el asunto trajo coletazos.

Corto tiempo después tuvimos con Gárate una salida a terreno a la localidad Quinteros que estuvo, como no, llena de excentricidades. Una de tantas: El profesor nos hizo caminar detrás de él por la playa largo rato, para develarnos algunos secretos de la geografía. Se detuvo frente a unas rocas y dijo a la amplia concurrencia que reunía a alumnos de 3º y 4º año. “Saben ustedes como detectar el nivel de salinidad del mar en la costa”… nadie respondió. Acto seguido se acercó a una roca al borde del mar, abrió grande su boca y cual camaleón estiró larga su lengua chupeteando de lo lindo aquella piedra. “Muy salda, muy salada” concluyó, no sin antes obligar a algunos compañeros a degustar roca marina.

No mucho después de ello, mientras seguía cual Jesús recorriendo la playa con sus apóstoles detrás, subió a un montículo que lo dejó a una altura de poder, sobre nuestros hombros mientras bajo el monte escuchábamos su discurso:

“Muchachos hemos pasado un rato fantástico de camaradería e investigación en, sin embargo una nube me ensombrece en estos días. He sabido que alumnos de cuarto año han estado juntando firmas por mí. ¿acaso soy candidato a diputado?. Yo sólo les quiero decir –el hombre ni siquiera nos miraba, sus ojos apuntaban al cielo- que tengan cuidado mucho cuidado conmigo.” Una nueva escalada en la tensión que ya acumulábamos de cara al examen que se venía en los próximos días.

Finalmente el día “D” llegó, era el punto de inflexión para tener el último encuentro con el profesor o quedar repitiendo y volver a sufrirlo el segundo semestre con el agravante de echarse de la carrera. Obviamente estábamos muy nerviosos y asustados. Pero los primeros síntomas fueron buenos, ya habían salido dos alumnos del examen oral y habían aprobado. Sus calificaciones un 5,75 y un 4, 28. Que extraña escala utilizó para de una evaluación oral de nota única poner decimales, nunca será habido. Luego fue mi turno:

Me invito a sentarme al frente de el y me miró con ternura:

- “Johny te tengo muy estresado”.

- “Si profesor la verdad que si”. Y sin reparar en mi sinceridad cambió de tema.

- “¿así que tu eres judío?... pucha que son llorones los judíos”. Lo dijo en un tono que no tenía nada de racista ni mucho menos, sonó igual que hubiese dicho, pucha que son orejones los malayos o cualquier otra tontera. Me contó que su abuelo había luchado contra los nazis en la segunda guerra mundial. Todo raro pero ameno.

- “Johny yo te escuche decir que la geografía no era tu fuerte sin embargo creo que tu sabes mucho de esta materia y llegaras a ser un verdadero geógrafo. Mira te haré unas preguntas para corroborarlo”. Pensó un instante y comenzó. “¿Cuál es el principal océano que baña las costas de chile?.

- “El Pacífico”.

- “Excelente. Ahora dime cual es la principal cadena montañosa de sudamérica”.

- “La Cordillera de Los Andes”.

- “Magnifico Johny, muy bien”.

- “Ahora una aún más difícil ya que este es un examen final ” siguió “Dime dos factores de erosión de la tierra”.

- “La lluvia y el viento profesor”.

- “Increíble estimado alumno, te dije que eras brillante, te espera un futuro esplendoroso. Por ello te pondré una nota acorde con tu impecable desempeño un 5,15”.

Por cierto era indescifrable la calificación y absurda de raíz pero me sentía liberado de las garras de la demencia de allí y para siempre.

miércoles, agosto 08, 2007

Recuerdos de la Upla IV: La Abuelita de Piolin.


Cuando estaba en tercer o cuarto año en la carrera de historia, debí ir tomando los ramos de educación que me permitían acceder al título de pedagogía. Entre ellos estaba el de “Filosofía de la Educación” del cual trata este post y que según me comentaron algunos compañeros que ya habían aprobado la asignatura era bastante “Papa”.

En la primera clase pudimos naturalmente conocer a la profesora, una señora entrada en años, pequeñita, moño tomate, falda larga y con una voz mínima, le decían la Abuelita de Piolín. Pero creo que le quedaba grande el sobrenombre ya que aquella al menos tenía la potente energía de apalear y escarmentar al gato Silvestre que obsesiva y reiteradamente quería comerse a ese detestable canario amarillo, en cambio ésta a pesar de sus buenas intenciones y al parecer no menor experiencia se veía ya débil y mínima al enfrentar al bizarro mundo estudiantil de la universidad.

Pero que le tenía preparado a esta bonachona abuelita la siempre monstruosa organización administrativa de la UPLA?, una pregunta elemental en especial cuando se trataba de aquellos profesores neutros que no manejaban ni poder ni pitutos.... pues bien, la esperaban más de 300 alumnos en una sala que con suerte tenía capacidad para unos 80. Como referencia, lo usual era que un curso a todo reventar tuviese 50 estudiantes. Para colmo de ellos al menos unos 100 eran de Educación Física, cuestión no menor que más adelante desarrollaré. Muchachos escribiendo parados apoyados en la pared de la sala, otros en el suelo, otros escuchando desde el pasillo, hacinamiento total, un auténtico desastre, además que obviamente la pequeña voz de la profesora no llegaba jamás hasta el fondo de la sala.

La profe no era de la línea “Chanta” y en términos generales era una buena y recta docente, aunque en edad de jubilar. Su criterio aún le permitía apreciar el desastre con el que se la habían “calzado”, del cual reclamaba justificada e insistentemente en cada clase, buscando sin poder encontrar miles de estrategias para hacer posible lo imposible es decir sacar adelante la asignatura.

Vale la pena en este instante hacer un alto para referirnos a los estudiantes de educación física. Ellos eran miembros de la carrera con mayor índice de “rajados” de la universidad y no precisamente por sus ramos específicos como: Trotar 1 y 2, Pegarle a la Pelota avanzado, o Sudoración Atlética. Su talón de Aquiles eran los simples ramos de educación que para el resto de la carrera eran aquellos fáciles que les subían a todos el promedio de notas. Traduciendo: a muchos de estos atléticos alumnos desde el momento que se les cruzaba el Abecedario o contar hasta 10 se les acababa la fiesta.

Ya he hablado que solían entrenar en la biblioteca y que no era inusual que mientras leías un texto cabezón tipo Marc Bloch o Schopenhauer te cayera una pelota de básquetbol en la cabeza. Además allí entre los libros cantaban y bailaban despreocupadamente, como en todas partes del recinto. Mientras todos parecíamos unos oscuros izquierdistas intelectuales ellos siempre se veían guapos y guapas, con ropa de última moda, apolíticos y siempre excesivamente alegres. Eran, en su mayoría, como niños para no ofender con alusiones zoológicas.

Volviendo a nuestra abuelita profesora, dada la complejidad de hacer pruebas y luego corregirlas para 300 individuos, decidió centrar toda la evaluación en un contundente examen final con una ponderación del 80%. Para ello dio una lista de alrededor de 10 libros, situación que anunció con dos meses de anticipación pero que naturalmente a la semana de llegar dicho examen la mayoría de nosotros ni los habíamos revisado. Los pobres 100 de educación física iban perdiendo la sonrisa día a día, 10 libros era definitivamente una verdadera montaña y ya divisaban que al igual que muchos de sus compañeros este ramo Educación les podía en forma bastante certera coartar sus carreras.

El día del examen, la profesora sabiamente se consiguió el aula magna, hecho insólito pero real, el que tuviese un escenario con tarima y la suficiente cantidad de sillas –butacas- lo hacía el único lugar plausible en toda la casa de estudios para tomar la evaluación. Para nosotros era incomodo pero claramente funcional al objetivo. Además nos distribuyó por todo el teatro, separó a los que alcanzaba a vislumbrar como amigotes y exigió un sagrado silencio. En estado de tensión máxima y con asistencia casi completa repartió una prueba de 6 hojas en su mayoría de alternativas.

Se veía bien cabronasa la famosa prueba, yo había alcanzado a leer unos 6 textos los que creí -previo consenso con mis compañeros- que eran los más importantes y siempre esperé que como la mayoría de las pruebas de educación esta fuese bien abordable, pero nada, la viejita hizo catarsis con nosotros y se ensaño preguntando detalles y abarcando los 10 textos sin misericordia alguna.

El silencio y la angustia iban “in crescendo”, mientras la otrora amorosa señora parecía un carcelero nazi haciendo guardia mientras recorría severamente los pasillos del Aula Magna. Nadie decía ni “pio”. De pronto leí una pregunta de uno de los textos que si había revisado y no entendí su contexto, levanté la mano para preguntar pero la profe no me vio. Entonces me paré para que me divisara y ella incluso pasó caminando enfrente mió, pero nada, conclusión: todos se dieron cuenta allí que simplemente estaba medio ciega. Dado lo anterior esperé que pasara perpendicular por mi fila, y la llamé a viva voz “profesora… oiga profesora…. Profeeeeesoraaaaa!!!!!” llegué hasta los gritos, todos me escucharon menos ella. Conclusión: Quedó en evidencia que era también sorda como tapia.

Tras un instante de incredulidad y de razonamiento instantáneo el teatro explotó, todo el mundo comenzó a rescatar sus fotocopias, a dar a luz de diferentes partes de cuerpo sus torpedos y compartir a viva voz la prueba en una bacanal de promiscuidad de fotocopias y griterío. Desde una esquina a otra del Aula Magna nos gritábamos las alternativas, intercambiábamos los exámenes, discutíamos parados las respuestas, nos prestábamos los libros. La marcialidad de la evaluación se fue al tacho de la basura y supuestamente todos aseguramos felices nuestro 7. Mientras tanto la pobre ancianilla siguió paseándose con su ceño fruncido, demostrando un rigor vetusto, que ya sus sentidos contradecían. .

Como es natural pasadas unas semanas la señora tenía los resultados de aquel inolvidable evento. Por alguna razón que no recuerdo decidió leerlos en clases de forma pública. Dividió las evaluaciones en grupos por carrera, y así comenzó. Por ejemplo “Historia: Zamorano un 6,8, Mella un 7,0, Muñoz un 7,0, Shats un 6,8… etc. Castellano: Alfaro un 7,0, Mardones un 6,9, Riquelme un 7,0…” etc. Filosofía, bibliotecología, Inglés y todo el crisol de carreras agrupadas en el ramo jamás bajó por razones obvias del 6,5. Pero faltaba una por nombrar que dejó al final… “Educación Física: Santibáñez un 3,5, Guajardo 4,0, Cevallos 2,0, Anguita 3,8….” Casi puros rojos matizados por algún 4 o 5.
Debo confesar que aún a veces, después de más de 10, cuando me distraigo en la nada , me sigo preguntando como cresta lo hicieron los chicos de Educación Física para copiar mal



PD: Por favor no me odien todos los estudiantes y egresados de Educación Física del mundo como ya lo han hecho otros grupos como los Mantilhuanos y los Testigos de Jehová. Había muchos estudiantes de esta carrera que también eran bien capaces y acá no hago más que exagerar y hablar de alguna mayoría.


Si quieres leer la saga completa de los Recuerdos de la Upla acá están los vínculos:


Recuerdos de la Upla: Parte I: El Profesor Von W.

Recuerdos de la Upla: Parte II: El MAS

Recuerdos de la Upla: Parte III: Administración e Infraestructura.

viernes, octubre 21, 2005

Recuerdos de la UPLA Parte III. Administración e Infraestructura




En la UPLA reinaba el caos, había tantos grupos de poder: Izquierda, Opus Dei, Pinochetistas, DC, entrados por la ventana - que eran la mayoría -, etc que la consigna entre ellos para no matarse y seguir vivos era “No te metas conmigo y yo no me meto contigo”. Eso generaba un estado de cosas en que los profesores hacían las clases de lo que se le antojaba o simplemente no la hacían, los funcionarios se mandaban solos, las secretarias se pasaban pintando las uñas, peinando y maquillándose, los administrativos no tenían jefes, o sea nadie mejoraba nada, nada funcionaba como debía y cada uno hacia lo que quería. Este inoperante clima administrativo generaba una suerte de pintorescos actos, medidas y decisiones inconexas que merecen ser contadas.


Hoja de Ruta

Todo trámite administrativo era una verdadera odisea, matricularse demoraba alrededor de 7 días, inscribir ramos 5 , pedir carné escolar 3 meses, homologar un ramo 2 meses, y ni que hablar de mis pobres compañeros que pedían crédito fiscal, los tenían parados semanas en el subterráneo del edificio casi siempre sin almorzar para no perder su turno, esperando por una bruja asistente social que los humillaba por querer estudiar. Pero no era sólo un problema de tiempos era en verdad una cuestión de estupidez. Voy a dar un ejemplo y tómese nota que yo representaba a la burguesía de la Universidad o sea el 5% que nunca pedimos crédito y teníamos nuestras cuentas al día. Para matricularnos debíamos ir a la oficina de finanzas a que nos dieran el “vale de acreditación” documento que confirmaba si el alumno tenía deuda de años anteriores, la oficina estaba repleta, el sistema caído y un solo gil atendía. Promedio dos horas de espera. Por fin Me pasaban el papelito, por interés tenía 200 pesos de deuda, algún día que pagué atrasado. “Tiene que ir a cuentas impagas a que le den el vale para pagar en la caja”. Llegaba a cuentas impagas y la secretaria no estaba, andaba en colación. Si fue día viernes la oficina no atiende en la tarde. O sea había que seguir el lunes .El lunes en cuentas impagas debía esperar una hora para que me entregaran un vale para pagar en caja los 300 pesos. Finalmente lo tenía, iba a caja. La caja era una ventana de madera que siempre estaba cerrada, uno debía golpear para que saliera el cajero, el horario de atención lunes de 13:00 a 17:00 miércoles y viernes de 8 a 12:00 . Imposible coincidir el mismo día del trámite con el horario infernal del cajero, ósea otro día más perdido. Cuando finalmente encontraba al cajero en su ratonera y podía pagarle los míseros 300, podías volver a la oficina de finanzas pasar las dos horas esperando en medio del tumulto para que te dieran el bendito pase de que no debes nada y comenzar el trámite de inscripción de ramos que eran al menos 7 días más, horrible.

El año que terminé la carrera habían implementado una mejora sustancial, alguna autoridad iluminada, quizás producto de una manda en deuda, decidió apiadarse de nosotros. Se decidió que para el proceso de matrícula todos los trámites debían hacerse en el gimnasio y con todos los funcionarios de los mil departamentos adentro. Además con un solo documento que era una hoja oficio con 10 puntos que cada mesón de atención en el gimnasio debía estampar su timbre para pasar de un trámite a otro. Con cierta ironía de su autor aquel documento fue denominado “Hoja de Ruta”. Llenar la sacrosanta hoja de ruta en vez de los diez días anteriores ahora tomaba 3. La razón : sólo un funcionario atendía cada mesa, se paraba cuando quería, se les caía el sistema, las filas eran peregrinas, las colaciones del funcionario eternas. Pero bueno era una mejora, y en la UPLA esa palabra era un bien escaso.


Estampillas

Todo trámite académico en la UPLA se pagaba con la moneda de nuestra República Playanchina las estampillas, generadas por la casa de moneda, y como toda estampilla su destino era ser pegada previo langueteo en algún papel. Homologación de asignaturas, certificados de haber aprobado tal o cual ramo, permisos especiales, y otro millón de documentos varios eran dignos de llevar estampilla.

Si un trámite costaba 5000 pesos significaba 5 estampillas de mil, si costaba 2500 dos de mil y una de 500, etc Había algunos papeles que incluían algunos cientos, para lo cual también existían estampillas de 100. Pues bien, y que ocurría si se acababan las estampillas de 5000, o las de 1000 o las de 500? Sobre todo tomando en cuenta que el estampillismo era una institución masiva en nuestra casa de estudios, a Continuación la respuesta:

El profesor Tito era el jefe del departamento de docencia, o sea además de ser académico era un gerente administrativo del más alto rango que manejaba todo trámite universitario que requería estampilla, o sea era algo así como el “Rey Estampilla”, me atrevería a aventurar que del departamento del profesor Tito jamás salía ni un papel, ni siquiera confort sin estampilla. A Tito lo custodiaban en el hall de acceso a su oficina, dos secretarias, que eran catalogadas como las dos más ricas de toda la universidad. Inútiles, desagradables, flojas, pero ricas. Tenían como norma que cada vez que entraba un alumno a hacer un trámite le decían que esperara afuerita. Jamás en ese universo chato, y descerebrado se pensaba que el alumno era lo más importante de la universidad, y que no costaba nada poner unas sillitas en ese amplio hall para que estos esperaran el bendito timbre o por último aguardar parados mientras las chicas se seguían pintando las uñas o jugaban al solitario en los únicos computadores de última generación que había en todo el edificio.

Un mal día tuve que homologar un ramo, el trámite valía 5000 pesos, en el mesón de docencia me indicaron que debía ir a caja a pedir las estampillas, obviamente la caja estaba cerrada, así que tuve que acudir al otro día. Al día siguiente el cajero me dijo que se habían acabado las estampillas de 5000 y las de 2000, solo le quedaban 2 de 500 y 40 de 100. Acepté la oferta sin adivinar mi seco destino. Tomé las estampillas y las acumulé en un papelito doblado, eran muchísimas. Con ellas ilusamente me fui a la Oficina del Profesor Tito a entregarles a sus secretarias el documento en cuestión y mi engendro tipo cucurucho lleno de dinero UPLA. Los maniquíes con escritorio, como era su usanza, me miraron con cara de “que hace este huevón acá dentro”, a pesar que era su trabajo recibir las numerosas solicitudes escritas de los alumnos siempre te trataban “como el forro”.


- “Buenos días vengo a entregar este documento por homologación de ramo”.

- “Trajo las estampillas”. Al ver que extendía mi mano con mi ruma, me miró con mayor desprecio. “Son estampillas..... las tiene que pegar en el documento”

- “Pero como las voy a pegar si son 45 estampillas?” repliqué

- “Para eso son las estampillas para pegarlas” respondió la tontilla.

Para que me iba a molestar en explicarle a ese cerebrito de ratón que ese no era el problema.

- “Ok las traeré pegadas en el documento”.

- “Bueno que sea afuerita”.

Humillado con mi cucurucho me fui fuera de la oficina de don Tito, me senté en un largo banco, estiré el documento y comencé mi labor. Partí con las de 500, languetaso y las pegaba. Pero cuando iba como en la 15 de las de 100 mi boca ya estaba seca y con gusto a caucho. Así que decidí comprarme un Coca Cola para humectar mis glándulas salivales y poder seguir el trabajo. Pequeño error, si ya el documento estaba compuesto por unas pocas letras que a penas se leían con tanta estampilla, y varios CC de mi saliva matinal, la ingesta de la bebida vino a añadir altas dosis de glucosa. Así Estampilla a estampilla iba aumentando el peso y lo pegajoso de la hoja. Cuando al fin terminé creo haber batido el record Guinnes del documento más asqueroso y pegoteado creado por el hombre, un verdadero papiro de engrudo, la tinta a esa altura estaba corrida de tanta secreción y definitivamente su grosor impedía meterla en el sobre. A duras penas y tras larga discusión con amenaza de acusación las tontorronas lo recibieron con asco, agarrándolo de un extremo, y dejándolo encima de un escritorio sobrante.



Biblioteca

Normalmente asociada en la historia universal a la lectura, el conocimiento, el silencio y la sabiduría, la biblioteca de la UPLA tenía predestinados otros “Objetivos”.

Partamos por su razón de ser, los libros. Del fichero completo me atrevería a decir que quedaban el 40% de ellos. El resto se lo “Pelaron” los alumnos, o lo mismo, pero en jerga académica, los tenían “reservados” los profesores durante meses y hasta años.

Me resultaba chocante que la Universidad tuviese incluso que esconder los volúmenes de consulta que estaban a disposición de todos porque se habían robado varios ejemplares de hermosas enciclopedias ilustradas.

Lo más impactante es que esta depredación de celulosa alcanzaba cuestiones insólitas. Para que cresta?, no lo sé, pero faltaban varios ficheros de madera completos que algún estudiante se llevó a casa imbuido por un retorcido espíritu de “recogimiento”, dejando el mueble de las fichas llenos de prominentes orificios .

La papeleta de los libros se entregaba en un mesón largo y robusto, en el que los funcionarios busca libros lo recibían con mala cara. Luego si querías leer, pasabas por un pasillo al mal nombrado salón de lectura.

Como vivíamos en hacinamiento pedir un libro podía tardar un par de horas, el mesón siempre estaba repleto y pujante, con paciencia y empujones podíamos llegar a la primera línea para entregar nuestra papeleta..

Un día al llegar a la biblioteca nos sorprendimos con dos cambio insólitos en su infraestructura. En el pasillo que conducía al salón de lectura habían instalado una puerta batiente con movilidad de 180 grados que tapaba toda visión hacia el frente. Y a su vez el mesón de la biblioteca lo adornaron con una inmensa estructura de vidrio y fierro hermética de unos dos metros con una pequeña ventanilla de consulta a ras del mesón. Cual era la utilidad de aquellos aportes?, sin duda ninguno. A quién se le ocurrió ponerlas? Moya.

A los segundos de instalada la puerta batiente con sus resortosas bisagras, comenzaron por obviedad los trompazos, como nadie veía quien venía por el otro lado, el lugar siempre era el más hacinado de la universidad y los alumnos no se caracterizaban por su amabilidad, quién entraba por un lado empujaba imprudentemente la puerta y le daba el portazo al que estaba al otro. Al cabo de unos días un alto porcentaje de los alumnos lucían un voluminoso parche en la nariz y hasta un charco marrón se fue acumulando a ambos costados de la entrada. Ante está masacre los reclamos se convirtieron en un clamor y la ingeniosa autoridad debió reaccionar. La solución lógica era proscribir de una vez la bendita puerta, que no servía para separar ambientes, ni como decoración, ni aislaba el ruido. Pero no fue así, la UPLA siempre nos podía sorprender, lo “resolvieron” instalando una pequeña ventana de vidrio en la parte superior, bien superior, con el dudoso objetivo que los usuarios altos se empinaran a mirar si alguien pasaba por el otro lado y los de tamaño normal se siguieran machacando la nariz, o sea más de lo mismo y así quedó.

Respecto al armazón de cerrajería seguramente salió tan caro que no se le podían hacer cambio alguno. Si alguien miraba en sentido opuesto al mesón podía contemplar toda la irracionalidad de su génesis, los alumnos en primera fila del mesón se veían aprisionado en el vidrio, con las narices achatadas, tratando de hacerle gestos a los funcionarios de bibliotecas que no les escuchaban nada, porque a diferencia de la puerta batiente esto si que aislaba el ruido. Si antes los privilegiados eran los de la primera fila, ya el concepto resultaba dudoso, el que quedaba en mejor posición era quién quedaba frente de la pequeña ventanilla, este debía hacer una contorción tipo “circo chino” para entregar el papel y para que su voz traspasase la celda, luego debía esperar lleno de dudas que tanto sufrimiento pudiese ser recompensado con la existencia material del libro.


El medidor de decibeles

El salón de lectura no era de lectura precisamente, leer allí no era agradable, ello debido a lo congelado o infernal que resultaba su estructura llena de ventanales dependiendo la estación climática, pero por sobre todo, por el hecho de que estaba poblado de alumnos de la UPLA, estos por cierto no entendían el principio básico que una biblioteca requería silencio.

No miento al expresar que la biblioteca de la UPLA era uno de los lugares más ruidosos en que he estado en mi vida. Eran pocos los que iban a estudiar allí, de hecho el cementerio numero 1 de Playa Ancha albergaba más universitarios concienzudos que la biblioteca. El lugar era ocupado preferentemente para usos sociales y deportivos. El recinto se repletaba, todos conversaban y se reían a gran volumen. Incluso a veces algunos descerebrados estudiantes de educación física entrenaban Basketball corriendo pelota en mano entre medio de los módulo.

En este estado de cosas un mal día la directiva del centro de alumnos de castellano decidió tomar el toro por las astas. Entraron a la biblioteca acompañados por una veintena de estudiantes con pancartas, tocando unas cornetas de plástico para llamar la atención de la concurrencia, se pararon frente a todos, hicieron callar a la mayoría irrespetuosa, pero también perturbaron a los pocos que de verdad estudiaban. El presidente de los manifestantes en tono decidido comenzó:

“Estamos cansados de este ruido, esta biblioteca es para estudiar y no para los fines que le han dado ustedes. Es por eso que desde hoy hemos instalado un aparato tecnológico de ultima generación que es un medidor de decibeles asociado a una “Chicharra Sonora” con la que intentaremos controlar el nivel de ruido del lugar. Cuando el ruido se haga insoportable para el estudio y la concentración el reloj del aparato marcará este punto crítico y la chicharra se activará y sonará”. Todos nos reímos de la medida.

Al poco rato nuevamente el ruido se hizo intenso, el medidor de decibeles se activó y la chicharra sonora rugió con fuerza, una alarma fortísima como de bomberos retumbó en toda la universidad. Las clases debían ser suspendidas en esos dos minutos que duraba el retumbe. Desde la época del “Cronopios PUB” suerte de kiosco con guitarrista desafinado que instaló en medio de la universidad y sin criterio alguna vez la Federación de Estudiantes, que las clases no se suspendían por un ruido tan desagradable.

Lamentablemente el medidor de decibeles era muy eficiente y se activaba a cada rato, porque a pesar de él la fiesta nunca se fue de la biblioteca... los que si debieron partir eran los pocos que estudiaban de verdad que no aguantaron naturalmente un barullo como ese, ni siquiera los que escuchaban “personal” se salvaron.

De esta forma la chicharra sólo duró un par de semanas, los estudiosos seguramente engrosaron la legión del cementerio, y nuevamente y con más brío los de educación física pudieron con más espacio seguir entrenando en la biblioteca.

Triste fue mi revelación cuando un funcionario de la biblioteca me permitió ir por mi cuenta a buscar un libro que requería. En medio de los pasillos y estantes de voluminosos ejemplares bibliográficos contemple el momento exacto en que los decibeles se hacían inaceptables para la máquina medidora, pero en vez de ser un aparato tecnológico con sus relojes digitales y corneta de metal, no era más que una señora rechoncha que salía de su oficina del segundo piso y activaba la alarma apretando un timbre.

sábado, septiembre 17, 2005

Recuerdos de la UPLA Parte II. El MAS



Durante mi vida universitaria tuve la suerte de conocer a un movimiento sin parangón que me llenó de felicidad en esos 6 inolvidables años. Era el MAS (Movimiento Hacia el Socialismo). Conformaban un reducido grupo célula de no más de 10 militantes, de ideología trotskista, con vínculos con organizaciones similares de Argentina. Apasionados, idealistas, cabezas de pistola, furibundos y entusiastas. Sin duda eran mi grupo político favorito, no porque estuviese políticamente cercano a ellos ni mucho menos, sino porque eran realmente adorables, un objeto de culto, algo así como los Rene de la Vega de la política.

En aquellos años en que la democracia chilena se reinstalaba, y casi al unísono el desencanto con los partidos se hacía patente, el MAS representaba un anacronismo. Luchaban por la Revolución Trotskista, más aún, creían que la encabezarían. Una unión férrea entre los proletarios del Campo y la Ciudad, más los universitarios, incluidos -más encima- los de la UPLA. Mientras socialistas, PPD y DC, se iban “achanchando” con las ventajas de tener el sartén por el mango, y los comunistas comenzaban su irreversible proceso de decadencia post Muro de Berlín, los MAS funcionaban a pila cargada, pegando carteles con textos larguísimos y escritos a mano en toda la universidad, discurseando en el patio, poniendo pancartas, intentando casi infructuosamente reclutar, siempre en la acción, siempre trabajando.

Nunca me perdía los debates en que participaban, ya sea a nivel de elecciones de Centro de Alumnos de Historia o de Federación de Estudiantes. Mientras las listas de la Concertación y los comunistas prometían para todos fotocopias gratis, millones para crédito fiscal, bibliotecas como la de Alejandría donde jamás faltarían libros para estudiar, cine gratis, carretes espectaculares, más el típico “seamos consecuentes compañeros”, o sea, puras mentiras electoreras, los muchachos del MAS con sus atuendos franciscanos y sus rostros encendidos de cólera anti-sistémica invitaban a sumarse a la causa de transformar el mundo, tomar las armas, internarse en la Sierra, luchar contra el imperialismo.


El día que me hice famoso gracias al MAS

Uno de aquellos años se aproximaba la elección de Federación de Estudiantes. A ella se presentaron tres listas, la Concertación, el PC y el MAS. Dado que era un evento de carácter mayor, la universidad prestaba el Aula Magna. Con mi amigo Marcos -que solía acompañarme en mis aventuras- decidimos acudir temprano para tomar la primera fila y deleitarnos de primera mano con el furioso discurso de los trotskistas. La idea era escucharlos e irnos, para que oír a los demás, qué lata. Pero a nuestro pesar, en el sorteo quedaron últimos.

De esta forma, fuimos condenados a escuchar a las otras listas, en sus promesas pelotudas de siempre, matizadas con las típicas preguntas de palo blanco que a esta altura se me hacen muy graciosas: “Compañero, cómo piensan ustedes inspirados en el espíritu del socialismo mejorar sustancialmente el bienestar de nosotros los estudiantes”, que burdo era.

Pero finalmente llegó el turno del MAS, con el Marcos aprovechando la primera fila, pusimos nuestras piernas cruzadas sobre el escenario, y nos echamos hacia atrás como si el asiento fuera reclinable, nos faltaban solo unos paquetes de cabrita para disfrutar el Show. Uno a uno, los integrantes de la lista salían a ofrecer sus generosas palabras. Entre ellos, una chica colorina, pelo liso pegado a las mejillas, ojos azules, lentes casi poto botella, mas linda que fea, la jefa. Esta al comenzar su alocución se le transformaba la cara, tipo “El Exorcista”, mientras gritaba sus consignas, los ojos se le inyectaban en sangre y salían de sus órbitas, se ponía rojísima, daba la impresión que si en ese minuto tenia una daga nos desollaba a todos ahí mismo. Lo máximo.

“Compañeros, quiero decirles que no podemos ser indiferentes a la explotación capitalista. Debemos destruir ladrillo a ladrillo las murallas de este sistema infame. Ha llegado el momento de armarse, de ser un soldado de la causa, matar o morir por nuestros ideales” Casi me iba de orgasmo.

“Hoy vemos como el imperialismo norteamericano extiende sus tentáculos de hierro sobre el mundo. Hasta cuando vamos a aguantar. Hay que enfrentarlos sin descanso. No podemos permitir que sigan ocupando y matando al valeroso pueblo de Somalia – en aquella época los gringos habían invadido ese país africano- debemos expulsarlos de África, de América del mundo”. Y había más.

“Los estudiantes de la UPLA debemos organizarnos para emprender una lucha conjunta entre estudiantes, obreros y campesinos, que tomemos las riendas del destino de nuestro pueblo. Que aplastemos el liberalismo y convirtamos la propiedad privada en bienes de uso social. Debemos poner fin a las injusticias que hoy se nos antojan como normales. Debemos abolir los actuales programas de estudios que están elaborados en base a la ideología de la burguesía. Debemos convertir esta universidad en la universidad de la revolución y el pueblo”

Luego de aquella, expusieron sus puntos de vista otro par de integrantes de la lista, en la misma sintonía pero con menos méritos oratorios que la símil de Linda Blair. Terminada la exposición se abrió la ronda de preguntas, yo tenía mi manito levantada desde entes, estaba ansioso de dirigirme a mis ídolos. El Marcos me miró y se atacó de la risa, sabía que algo me tramaba, me preguntó que les iba a decir, se lo conté al oído, y más se río. Así, el destino me tocó en esa hora divina, la moderadora me miró a mi primero, y me cedió la palabra.

- “Mi nombre es Johny Shats estudiante de Historia y Geografía. Le quiero preguntar a la lista del MAS. Ustedes han planteado que no es posible que el imperialismo norteamericano se haga presente en Somalia estableciendo su política imperialista”, los pobres muchachos del MAS me miraban con atención y asentían. “Quisiera preguntarles al respecto si tienen ya diseñado los mapas y el plan militar para que puedan liberar ese país africano, y de qué forma los estudiantes de la UPLA que estamos interesados en enrolarnos con ustedes podemos sumarnos a la iniciativa”

El Aula Magna estaba repleta de estudiantes, deben haber sido unas dos mil personas al menos, todos riéndose a carcajadas, mi amigo Marcos se llegó a tirar al suelo. Mi ego subió a su nivel máximo, me sentí un artista.

- “Bien estúpida tu pregunta” respondió un mechón que integraba la lista.

Luego una chica también del MAS que era de un curso más abajo al mío en Historia y que nos caíamos bien explicó que estos temas parecían muy lejanos, pero no debían ser tomados a broma y bajó la tensión de una lista que comenzaba a mostrarme los dientes.

Al terminar el debate, en el patio todos me saludaban y felicitaban, el rumor llegó hasta los profesores que me pidieron hilarantes los detalles de la anécdota. Me creía una estrella.
Otros me advirtieron que tuviera cuidado que los tipos eran peligrosos. Sin embargo confié con certeza en que mi amiga del MAS me salvaría de cualquier propuesta de ajusticiarme, y no tuve mayor problema.


El Náufrago y los Atentados Explosivos en el Baño

El Náufrago era un compañero de carrera que recibía su apodo por ser oriundo de la Isla de Juan Fernández. Muy callado, moreno y menudo, de rendimiento un poco menos que mediocre, su mayor virtud era su origen, era interesante escuchar sus eventuales relatos de las vivencias de la isla o como se las arreglaba para viajar de vuelta durante las vacaciones pidiendo a barcos de la marina que lo lleven, durmiendo en literas de barco de guerra.

Un día cualquiera fue el aniversario del MAS. Por alguna razón inaudita decidieron conmemorarlo haciendo un atentado contra la universidad. Más inaudito aún, decidieron poner una serie de artefactos explosivos de poca potencia, en el baño del tercer piso. Extraña decisión, ya que esos baños eran en sí un verdadero atentado, al menos a la higiene, lejos los más repugnantes y toxico que he visto en mi vida, todo tan podrido que debe haber habido hasta fiebre amarilla y dengue. Nadie tiraba la cadena, los lavamanos orinados, un asco.

Pero en fin, así fue y el MAS puso las bombas allí. Varios alumnos que ingresaron se sorprendieron con esos extraños paquetes y comprendieron rápidamente que había que arrancar. El destino quiso que nuestro personaje El Náufrago tuviese ganas de orinar en ese preciso instante. Sin saber nada de la festividad trotskista, y dado su permanente estado de autismo, entró al baño como si nada. De inmediato vio los artefactos explosivos, se detuvo, evaluó sus opciones y acto seguido comenzó a operar con una lógica reñida con la cultura occidental, tomó uno a uno los explosivos con total tranquilidad, los deposito en el lavamanos, abrió la llave del agua fría y los comenzó a mojar. Quizás en su mentalidad de Langosta y según las usanzas de su isla, todo se podía resolver echándole abundante agua. Pasado un rato y sin tomar en cuenta que su vida corría peligro, el naufrago comprobó que su receta de la Pacha Mama no daba ningún resultado. Sin siquiera considerar la opción terrícola de salir rajado corriendo, pasó al plan B, agarró con delicadeza las bombas y con desprecio las fue tirando al escusado y tiró la cadena. Terminada su tarea, orgulloso –porque luego el mismo lo contó como hazaña, simplemente se marchó.

Se encontró con unos compañeros en el camino y les dijo que tuvieran cuidado que había tenido que tirar unas bombas por el Water. “Este huevón esta loco pensaron”. Pero de pronto un estruendo sacudió la universidad, las clases se paralizaron, y todos salieron a mirar. El baño y las cañerías se habían hecho bolsa, el olor a peste que antes casi sólo se reservaba para los sanitarios ahora se esparcía por todo el edificio.

martes, septiembre 06, 2005

Recuerdos de la UPLA Parte I. El Profesor Von W





Von W era un académico del Departamento de Geografía de la Universidad de Playa Ancha. De nombre para el bronce similar a Alexander Von Humboldt, terneado, a la moda, barba cuidada, rubio, delgado, cuarentón, buena pinta, quien escuchaba su nombre y viera su foto se podría hacer la idea que el tipo era un profe como para premio Nóbel.

Pero lamentablemente no….

Von W era un verdadero fiasco, el destino le dio un nombre que no se merecía, en verdad, debió haberse llamado Saturnino Maluenda o algo por el estilo. Pariente o pupilo de la rectora, apitutado hasta el hueso, subsidiado por el sistema, fundó una tradición en la universidad, todos los años al curso que le tocaban sus clases de Climatología decidía hacerle una huelga y pedir que lo echaran, los alumnos llegaban a la clase número 5 o 6 y ya no resistían su mediocridad, y fin, patada en el poto. Pero el hombre era resistente y un nuevo curso de mechones lo esperaba al inicio de otro semestre..

Fue despedido y contratado infinidad de veces y siempre estaba "a la guite", incluso cuando el Centro de Alumnos de Historia y Geografía decidió proteger a los próximos mechones y evitó su regreso, la universidad cariñosamente le inventó un puesto “Administrador del Segundo Piso”. Meses después, cansado de las prerrogativas de su particular cargo, de controlar que las escaleras efectivamente estuviese escalonadas, y que las oficinas correspondieran a los números que anunciaban su orden correlativo, volvió a dar clases. Y en una de esas pasadas, fui yo uno de sus mechones incautos.


A leer el Straler

Luego de la quinta o sexta sesión con Von W, cuando ya no dábamos más, en mi curso hubo una disputa menor de tipo político, en asamblea interna el grupo de los marxistas independientes se molestó con los comunistas por la ruptura de un acuerdo, la presidenta del curso era comunista, ella comandaba el proceso tradicional de organizar la protesta que culminaría con la expulsión de Von W, sin embargo, picados con el PC, el amplio grupo de los marxistas independientes condenó a los comunistas y al resto de curso,a través de su líder "El Tata" “Pues bien, por maricones, no apoyaremos la destitución de Von W”. Esa gracia nos significó dos años completitos de Von W.

Von W llegaba a nuestra sala terneado e impecable, no saludaba ya que era nerviosamente tímido, llevaba bajo el brazo un libro gordo y áspero, el Straler , lo ponía en la mesa. De un bolsillo sacaba su caja de tranquilizantes que lo dejaba a la vista de todos, sin vergüenza, el hombre era auténtico, hacer clases le producía miedo y ansiedad. Y mientras muchos hablaban y estaban parados haciendo cualquier cosa esperando a Von W, sin notar su discreta presencia, éste introducía su índice en cualquier página, tema o capitulo del Straler, y comenzaba a leer a media voz, y en forma plana sin entonación ni emoción alguna. Lentamente todos notaban un ruido en el sector delantero de la sala y comenzaban confusamente a sentarse. 1 hora y media de inconexa, tediosa, desabrida, lectura.

Von W era extraño y caprichoso, no le gustaba que sus alumnos le hicieran preguntas, de hecho quienes levantaban ingenuamente su mano quedaban repitiendo el curso automáticamente, peor, quienes aportaban a la clase o eran más agudos intelectualmente corrían el riesgo de echarse la carrera. El alumno perfecto era el silencioso, estoico personaje capaz de soportar su lectura tipo tortura china.

Nunca olvidaré cuando rompiendo su tendencia Von W se aventuró en proyectar en clases el proceso conocido como “Movimientos de Coreolis” sobre la teoría de las corrientes marinas. Esta vez eligió el capítulo del Straler que hablaba de ello, o sea absolutamente nos estaba entregando lo máximo de si mismo. En el fondo era una clase, con lectura coherente más retroproyector pero leída como siempre fome y con auditorio en silencio. De pronto un valiente, nuestro compañero Roberto Velenzuela.le hizo notar al profesor que había mencionado que en el movimiento de Coriolis las corrientes marinas en el hemisferio sur se orientaban hacia el sur, sin embargo, en la transparencia aparecían indicadas hacia el norte. Lo que ocurría y que todos incluido Roberto nos dábamos cuenta era que el maestro había puesto al revés la transparencia, de hecho las letras estaban "patas pa riba". Molesto Von W le respondió a Velenzuela que la transparencia estaba correcta, entonces todos casi en coro le dijimos a Von W que estaba equivocado, este insistió que estaba bien, y se generó un mini alboroto. Finalmente Von W se paró frente al “retro” y mientras todos esperábamos que diera vuelta la transparencia ante un error tan obvio incluso quizás para él, este ofuscado apretó el botón de apagado y todo quedó en negro, se acabo limpiamente la polémica, se fue a sentar y continuó leyendo el Straler.

Examen Final

Siguiendo con Coriolis recuerdo cuando Von W nos tomó el examen final en forma Oral, en segunda oportunidad. Un capítulo de terror en mi vida universitaria. Mi carrera y la de todos los convocados estaba en serio peligro. La materia era naturalmente algunos pasajes voluminosos del Straler, yo que era nulo para la climatología no comprendí nada del texto. Sólo entendí en alguna parte una analogía que hacía entre el fenómeno físico de las corrientes marinas (Coriolis) y un carrusel.

En esas pobres condiciones llegue al examen, pero con la convicción que habían algunos trucos transmitidos empiricamente que siempre funcionaban con Von W. Con él siempre había que mostrarse seguro, como no tenía idea lo que enseñaba si el alumno se mostraba convencido de sus aseveraciones podía salir airoso.

De esta forma después de observar como muchos porros que salían de su oficina lograban aprobar el curso, me envalentoné, entré al desafío lleno de convicción y energía pero cero conocimiento.


- “Don Johny Shats explíqueme el impacto de la reflexión y radiación solar en la atmósfera”. Primer golpe, ni idea, moya, así que improvisé un contraataqué.

- “La radiación solar se refleja en la superficie terrestre y produce temperatura profesor, y en la playa dado que la arena es como espejo hace rebotar el calor hacia la atmósfera”

Von W reviso el Straler y por cierto no aparecía esa respuesta tipo kinder.

- "No señor no le estoy preguntando eso”.

- “Eso es profesor, es la respuesta correcta”

- “Le digo que no”

- “Yo le digo que si, así es, es indesmentible” subí la voz.

- Ok señor Shats en esa respuesta tiene un 3.0

Yo no lo podía creer, me esperaba un 1 y obtuve dos décimas extras. Y se venía la pregunta 2.

- “Señor Shats pregunta 2”. Y revisó el Straler muy contrariado queriendo deshacerse de mi lo antes posible. “Si yo le lanzo una pelota de tenis, y usted está en un carrusel, que ocurre?.

- “Como el carrusel gira puedo agarrar la pelota cuando vaya dando vuelta”.

- “Muy bien en esa pregunta tiene un 6.0”. Nunca entendí porque no puso un 7, la pregunta era idiota y la respuesta elemental. “Ha aprobado climatología en el examen tiene un 4,5”.

De esta forma sin saber nada de nada aprobé y me salvé de Von W. Otros y otras también pasaron utilizando métodos de manual:, unas compañeras que llegaron con mini mostrando los atributos, otras que le lloraron que se les murió la abuelita, enfermedades raras e incurables, etc. El que lograba ponerlo nervioso, pasaba.

El Día que Von W Improvisó

Un día en que asistimos no más de 10 a las clases de Von W este nos traslado a una sala de reuniones para estar en un lugar mas cálido e íntimo acorde con el numero de alumnos. Decisión lógica y razonable de un hombre que no era ni lógico ni razonable.

Allí comenzó la lectura del Straler, tema: los Desiertos. Otra hora y media de horrible lectura. De pronto cuando ya habían transcurrido 45 minutos, lo impensado, Von W apartó el libro de un manotazo y comenzó por primera vez en dos años a hablarnos mirándonos a los ojos. Todos quedamos aterrados observando este fenómeno tipo Poltergeist, era como si le hubiese entrado el demonio. Lo que dijo fue para no olvidarlo jamás, una clase maestra sobre desertificación:

“Alumnos míos, el desierto de Arizona y el de Atacama son los dos desiertos mas áridos del mundo. Sin embargo existe un factor de la mayor importancia que pone a nuestro desierto a años luz de ventaja sobre el desierto de Arizona”

Con gesto apasionado nos tenía a todos cautivados con su ímpetu y elocuencia, estábamos presenciando un momento único en la historia de la climatología.

-“Saben cual es esa evidente ventaja del desierto de Atacama?”. Y levantó un dedo como mostrando que la respuesta estaba en su índice. Todos dijimos que no moviendo la cabeza con a boca medio abierta embobados de la impresión.

- “Pues bien, la diferencia fundamental es ........que el desierto de Arizona esta lleno de serpientes venenosas y en el de Atacama no, somos privilegiados de no ser mordidos por esas alimañas”

Nos miramos todos, sintiendo al unísono una punzada en el estomago, necesitábamos reir a carcajadas, casi nos orinábamos, pero hubiese sido nuestra condena a muerte y debimos resistir llorosos. Sólo luego que Von W hizo alguna broma menor en ese día iluminado suyo, pudimos reírnos a destajo, debió haberse sentido complacido, además de ofrecernos una conferencia magistral sobre reptiles, desiertos, y fortunas geográficas, ese día estaba extremadamente gracioso.

Fueron dos años inolvidables con Von W. De lo peor que he visto en profesor, de hecho decirle profesor ya es raro. Pero es lo fue, y al menos sirvió para el largo anecdotario de mis historias universitarias.