
Debo decir con responsabilidad que creo que no tengo la experticia profesional para hablar de esto…. y más que seguramente muchos psicólogos, sociólogos, historiadores, antropólogos leerán mi post con una sonrisa de suficiencia. Pero ya que el blog es mió tengo el derecho a agarrar la pelota y llevármela para mi casa.
Para introducir la temática me vienen a la mente dos acontecimientos recientes:
Hace un tiempo escuché que mucha gente de la colonia judía en Chile envío cartas al diario “El Mercurio” debido a que le había molestado la película “La Caída” porque mostraba un aspecto demasiado humanizado de la vida de Hitler. Nótese que estamos hablando de una cinta tremendamente dura y crítica de la historia del nazismo. Por otro lado vengo recién renunciado de una asociación de padres del colegio de mi hijo. Esa organización persigue fines muy claros y trascendentes que intentan mejorar la calidad de la educación que se imparte en el establecimiento. Sin embargo muchos de sus dirigentes ven muchas veces a las autoridades del colegio, a los profesores, y a todos los que puedan no estar en sus trincheras como verdaderos rivales y enemigos que conspiran contra su organización.
Que hace que veamos al otro como un enemigo? Esto lo planteo desde los niveles más básicos hasta los más complejos y atroces. Desde el funcionario de oficina que siente que sus compañeros de trabajo lo perjudican deliberadamente, los grupos políticos que pueden percibir al partido rival como una amenaza a sus postulados, hasta un pueblo completo que cree que determinada etnia o nación representa un peligro para su sobre vivencia.
Partamos de la base que psicológicamente el ser humano como ente social requiere sentir que sus acciones son correctas y justificables. A nivel de ejemplos: el ladrón roba para alimentar a su familia, el que maltrata a sus hijos lo hace porque estos no responden a su disciplina, el que comete parricidio actúa en respuesta a una infancia de postración, el empleado que le roba a la empresa justifica su acción con que sólo esta retirando el dinero que la misma empresa le robó. He leído incluso que las organizaciones pedófilas se hacen llamar “amantes de los niños”. Lo normal es que siempre exista una justificación ética que permita ordenar y estabilizar la conducta dentro de los valores de la sociedad en que el individuo vive. Esto posibilita que personas “normales” o sin graves alteraciones psicológicas pasen a ser delincuentes o criminales.
Ahora bien, si el individuo dice robar porque le fascina amedrentar y despojar a los demás de sus bienes, mata por placer, tortura y asesina por gusto estamos hablando directamente de un psicópata. Es decir, el que transgrede las normas -las de carácter moral- por el sólo disfrute que esto le provoca. Y un psicópata es un enfermo mental que representa un porcentaje ínfimo de la población. Conclusión: desde el ángulo del victimario las cárceles están llenas de “inocentes” o al menos de gente que puede justificar éticamente sus delitos.
Girando el visor hacia otro ángulo vemos que para hacerle daño a otro necesitamos demonizarlo es decir convertirlo teóricamente en psicópata, eso nos permite desde perjudicarlo hasta eliminarlo. Si armamos la estructura que el personaje X siempre me ha querido dañar, que esta esperando mi caída para atacarme, que vive pensando en destruirme, construyo un esquema que me facilita herirlo o atacarlo, en cambio si razono que X es una persona como todas, que se siente inseguro, que debe tener su punto de vista diferente, que debe actuar por presión etc., lo humanizo y por tanto se me hace más difícil agredirlo. Es curioso pues que un mundo donde los psicópatas objetivamente son una rareza veamos en la vida cotidiana para nuestro accionar funcional tantos de ellos.
Este esquema es el que permite no sólo tenerle “mala” a alguien sino además organizar grandes genocidios y matanzas. Cuando los líderes Hutus en Rwanda quisieron eliminar a los Tutsis y lo hicieron usando todos los canales y medios de comunicación posibles no lo hacían llamando a “masacren, maten y violen a todos los hombres mujeres y niños semejantes a nosotros” sino que durante años transmitieron la propaganda de que los Tutsis eran una raza pérfida, que gracias a ellos ocurrían todas sus desgracias, que tenían alianzas de poder y finalmente dada su condición de ser una etnia de gente alta, “debemos cortar los árboles más altos”. Así después de deshumanizarlos durante años se inició una carnicería que costó cientos de miles de muertos, la población Hutu en forma masiva, salio con machetes a las calles a vengar a los “responsables de su postración” en uno de los hechos más crueles de fines del siglo XX.
El mecanismo de la deshumanización me atrevo a decir ha provocado todas las grandes crímenes masivos de la historia moderna. Así el nazismo justificó el asesinato de los judíos, Frank el gobernador de Polonia declaró: “Vamos a limpiar Europa de todas las plagas especialmente Piojos y Judíos”, las dictaduras latinoamericanas asesinaban entre otros a los ciudadanos de izquierda por “querer regalar la nación a la URSS” , en Chile se llegó a decir que la Unidad Popular si seguía en el poder iban a raptar a las guguas y mandarlas a cuba, para que Bush justifique la tortura y prisión en Guantánamo basta argumentar que los prisioneros son “terroristas que ponen en peligro la seguridad del mundo”.
La visión maniquea de la bondad versus la maldad hace posible llegar al extremo que personas que hacen su vida “normal”, que tengan familias y hasta sean cariñosos padres puedan ser torturadores o verdugos. Muchos torturadores de la DINA luego de hacer padecer atroces apremios a sus victimas bajo la lógica que eran “enemigos de la patria” “Basura Marxista” luego marcaban tarjeta y volvían como si nada a sus casas.
La teoría de las conspiraciones prima hermana de la deshumanización también permite crear mitos de negación que facilitan el entendimiento y la complacencia de manera de hacer innecesaria la introspección. Mientras la culpa la tenga la “Globalización” “El imperialismo norteamericano” “ El ateismo y el relativismo” “El capitalismo Judío” “la prensa controlada” “Las 7 familias más ricas de Chile” “o cuanto rompecabezas inconexo queramos armar colectivamente siempre estaremos victimizados que es más sencillo y funcional que analizarnos y preguntarnos cuanto de nuestros errores están implícitos en los hechos que lamentamos. Esto no significa que en la realidad existan como tales las conspiraciones, el punto es cuanto tiempo las conservamos y por cuanto las multiplicamos.
Indudablemente el paradigma de la complejidad que supone analizar la realidad desde un punto de vista causal y diverso puede levantar todos los mitos polarizantes y enajenantes que nos llevan a mirar enemigos y conspiraciones donde casi nunca los hay. El problema es como lo instalamos y cuan maduros estamos individual y colectivamente para vivir sin nuestros funcionales enemigos. Finalmente quizas cuando apartamos y entendemos nos podemos encontrar por fin con nosotros mismos y en el espejo no siempre lucimos como nos gustaría.