
Hace unos días me tocó participar en la organización de la Kermés del Liceo Manuel de Salas donde estudia mi hijo mayor. Esto implicó un fuerte trabajo ya que asistían más de 5 mil personas, había más de 60 stand, necesidades de seguridad y montaje y un programa cultural que entre número y número duró entre las 10 de la mañana hasta las 20:00 de la tarde.
Fue un evento hermoso que exigió al máximo a los que en él participamos. Una gran experiencia sumado al gusto de ver la onda de este colegio que es diferente a la de todos los demás. Con gran participación de los padres súper comprometidos con sus cursos y sobre todo con esa sensación que siempre me ha maravillado en que siento que la gente se apropia de él, con su espacio, su parque e instalaciones. Uno se termina enamorando del Manuel de Salas y su entorno, lleno de problemas y contradicciones pero al final tanto los alumnos, como los apoderados y los profesores en su mayoría termina haciendo suyo esta institución.
Aterrizando nuevamente debo decir también que hay cosas que me producen ruido en el colegio y no son pocas. Por ejemplo cuando ya habían actuado una serie de números artísticos en el escenario del parque que habíamos instalado se presentó un grupo de música Punk. Los muchachos mientras probaban los instrumentos y a vista y paciencia de todas las familias y los niños que estaban presentes que eran muchísimos –obvio pues era una Kermés familiar y comunitaria- mandaban saludos por el micrófono a todo volumen de este calibre, “Saludos al conchesumadre del willy que está allá atrás” “Díganle al culiao del Rodrigo que deje de joder” y varias más. Una apoderado respetuosamente se acercó a los muchachos y les pidió que terminaran con los garabatos, pero no la pescaron para nada y cuando se dio vuelta el vocalista le hizo un contundente “Pato Yañez”. Luego me acerqué a conversar con ellos y a decirles que debían ubicarse en el contexto en que estaban, por suerte me escucharon y bajaron la intensidad de la tontera.
Terminada la prueba de sonido pasaron al primer tema que incluía harta “mierda”, “culiaos”, “conchesumadres” y otros. Créame buena música, no tocaban nada de mal, abajo del escenario una decena de seguidores al estilo de esta tendencia chocaban desenfrenadamente se pegaban patadas etc. Entre medio un padre indignado se metió en la caja de sonido y furiosamente desenchufó todos los cables gritando que esto no se podía permitir. A esa altura me puse nervioso y también caí en la tentación de cortarlos pero finalmente fui aplacado por otros miembros de la organización que le bajaron el perfil al incidente y lograron sacar adelante el asunto.
Sin embargo entre esos mismos padres que pusieron más cabeza fría vi y escuché algunas actitudes que me son muy difíciles de digerir ahora. En medio de uno de los temas se rieron de las personas entre los que me incluyo que estábamos complicados con el lenguaje y actitud de los cabros. Dando a entender que éramos muy moralistas al no aceptar esa “expresión artística”. Luego más tarde al comentar lo que paso a otros padres percibí lo mismo en algunos. “Es una expresión que debemos respetar”, “Son parte del colegio y debemos escucharlos” y otras similares.
Me es difícil entender estas posturas que apelan al todo vale, a mi me gusta la música punk tanto los legendarios Sex Pistols, como The Ramones, algo de los más Light Green Day y los nacionales Fiscales Ad Hok. También digo garabatos y los digo habitualmente, los apoyó y respeto como forma de expresión valida y social. Sin embargo creo en la importancia cardinal de los contextos. Por ejemplo de vez en cuando veo una película “para adultos” pero jamás la vería con mi hijo de 6 años, no trato a mi familia a garabatos, y en las reuniones formales trato de diferenciar mi lenguaje al que uso en una salida con amigos.
Me gustaría que mis hijos aprendan eso, saber que hay momentos y contextos, que marcan principalmente el respeto que tenemos hacia los otros, sin ese respeto pasamos por delante de todos los demás y de alguna manera nos deshumanizamos por que el otro nos da lo mismo.
En esta perspectiva sin duda nos equivocamos a poner a estos muchachos en un horario familiar, lo hicimos porque no los conocíamos pero mal igual. Pero a mi juicio ahí el problema no eran las canciones en si, eso podría pasar abriendo al máximo la mente, el problema era que los adolescentes en cuestión no entendían que debían mirar más allá de su ombligo y tenían que evitar insultar en la prueba de sonido a todos los que estábamos presentes. Eso los empobreció a ellos, y nos agredió a aquellos que no queríamos escuchar estupideces a micrófono abierto. Seguramente en un recital en la noche lleno de adolescentes da un poco lo mismo, pero en el contexto de una Kermés fue desubicado.
Pero los muchachos son niños finalmente, mucho más me irrita el poco respeto de esos papás que se rieron de nuestra molestia, con esa cínica actitud “liberal” de cuarta categoría de que ellos son “tan tolerantes”. Los niños y los adolescentes necesitan contención y ubicuidad, necesitan que los padres y las figuras adultas actúen como padres y no como amigos o compadres. Estos padres de manga ancha generan muchas veces jóvenes perdidos en el mundo con vidas vacías, decir que si a todo es una forma cómoda de desidia, carente de cariño y dedicación finalmente.
Es curioso como ese dejar hacer y usar la ironía para mirar al otro en nombre del respeto a la expresión termina generando el efecto contrario a ello, porque a esos adultos les da lo mismo lo que los otros piensen, se ríen soberbiamente de el resto, y terminan siendo infinitamente más desubicados que los chicos Punk.
A veces los padres exigimos a los colegios y sus profesores que eleven la calidad de la educación, que sean pertinentes y acojan al máximo a nuestros hijos, que sean evaluados por parámetros exigentes, que mantengan la disciplina dentro y fuera de la sala de clases, y que instalen el respeto como valor número 1. Sin embargo muchas veces un gran número de apoderados no dan la nota en alguno de estos exigentes parámetros. Doble discurso, uno más.