
En nuestro pasaje ubicado en la comuna de la Reina existían dos casas que se encontraban deshabitadas desde hacía varios meses producto de que los últimos arrendatarios se habían ido y sus dueños decidieron ponerlas a la venta. Eso significó nuestra preocupación y la de nuestros vecinos por la posibilidad real que delincuentes o personas ociosas se metiesen a ellas poniéndonos en riesgo. Especialmente la mía quedaba pegada a la casa mas expuesta, ya que aquella da a una calle más o menos principal, de hecho aparecía toda rayada cada cierto tiempo y a veces incluso algunas de las puertas amanecían abiertas con sus chapas destruidas. La otra quedaba exactamente al frente de mi casa.
Por eso nos alegramos muchísimo cuando casi al mismo tiempo ambas viviendas fueron compradas. Además coincidió con que pudimos, después de muchos trámites y cotizaciones -La Patty fue una de las estrellas de ese logro- cerrar el pasaje con un lindo portón automático. Alentando nuestras esperanzas los nuevos moradores nos parecieron muy adecuados; a la casa contigua llegó un caballero pequeño gordito y moreno, de familia numerosísima – aun no cacho cuanta gente vive y cabe en esa casa- extrovertido y de rápida y buena voluntad expresada en que no puso inconveniente en que el nuevo portón se ensamblara desde su reja y otros acuerdos que implicaban su generoso pase. A la del frente arribó una artista pintora, de sonrisa amable, auto destartalado, separada con dos hijos. Se veía gente de bien, tranquila y armoniosa. Nuestro estomago burguesoide se sentía satisfecho con estos favorables cambios.
Como siempre digo “Monito en la vida no hay sólo bananas”. A los pocos días que el vecino se fue a vivir a su casa le entraron a robar. Mala suerte porque en los ya casi 7 años que llevamos viviendo en ese barrio solo una vez ocurrió un robo, mas aun la botillería que queda a dos cuadras de mi hogar que cierra a las 12:00am y maneja dinero, jamás ha sido asaltada en chorrocientos años. Quiero decir en síntesis que el barrio es bastante seguro. Pues bien, pasado este primer robo, vino un segundo que ocurrió mientras estábamos de vacaciones. Ya en esta ocasión el señor estrenó su pistola que dice tener legalizada y lanzo un tiro al aire para espantar a los malhechores. Días después otra vez le entraron a robar en esta ocasión unas herramientas, o sea íbamos con un promedio de 3 robos en pocos días en un vecindario cuya tasa de asaltos en una década no alcanza el 0,1%. Luego de esto decidió subir el muro de su casa bastante alto y poner una cámara de seguridad. Ya todo esto como que no me concordaba. Lo peor estaba por venir.
A dúo dos molestan más que uno
Una tranquila noche de semana, mientras a las 4am dormíamos cucharita con la Patty, los niños en su pieza se acurrucaban en los brazos de Morfeo y hasta la Pepa –nuestra perra salchicha- nos calentaba las patitas soñando con algún hueso delicioso- dos fuertes disparos nos hicieron saltar hasta el techo. Yo desperté enojadísimo, nuestro vecino gritaba nuevamente por la supuesta entrada de delincuentes. Pero dando credibilidad al incidente la señora de enfrente también gritaba. Obviamente en unos pocos minutos todo el pasaje estrenaba sus batas en la vía pública. Chascona con los ojos rojos y un cuchillo carnicero tipo “Halloween” la vecina amenazaba:
- “Conchetumadre si te veo te acuchillo”
- “Como te atreves a tocarme la puerta hijo de puta”
- “Te voy a pelar como una papa”. Y otras frases pal bronce.
En su trayecto amenazador y terrorífico nos contó que el “degenerado” que había entrado a la casa del vecino a continuación lo había hecho en la suya y luego había dado dos fuertes golpes en la puerta. En tanto el residente de al lado en cuestión dijo que sus hijas –alguna de las diez- habían sentido a alguien que las merodeaba desde la ventana, pero le parecía muy raro porque ninguno de sus perros – varios quiltros - habían ladrado.
Llegaron los carabineros que revisaron todas las casas, pero el “psicópata del portazo” no daba señales. Obviamente lo más probable es que la ficción sin límites de nuestro vecino de la prole lo invito como siempre injustificadamente a disparar dos tiros y la señora de enfrente que toma pastillas para dormir y ese día estaba doblemente dopada ya que había injerido remedios para la bronquitis, confundió el fuerte ruido con dos portazos. La absurda paranoia nos regaló una noche de insomnio. El pistolero del barrio en medio de los ires y venires me dijo “cierto que no nos van a ganar”?, Al día siguiente instalo un malla electrificada sobre su portón casi la única que hay a varias cuadras y km a la redonda.
Raquel Argandeña y Claudia Miranda
En mi descanso también tipo 4am soñaba que estaba en el avión viajando rumbo a China al fin y al cabo me quedaban 4 días para el súper viaje y el tema se me metía hasta en los sueños, de pronto los pasajeros se ponen nerviosos ya que comienza a sonar una sirena, todos se paran y gritan cuando la señal se hace más intensa, es una sirena de bomberos, se estará quemando el avión, el ruido es ensordecedor, ojala el carro bomba volador logre apagar las llamas pienso y sobrevivamos y me despierto. Efectivamente en el mundo real un carro bomba entró al pasaje, esa mezcla de fantasía y realidad que ocurre cuando algo comienza a interrumpir nuestras imágenes oníricas.
La señora de enfrente llegó tarde a su casa y había olvidado las llaves, no quería despertar a sus hijos preadolescentes para que le abrieran, entonces en un arranque de iluminación creativa decidió poner el capó del auto pegadito a su portón, luego se subió al capó y trató de pasar por arriba de su reja afirmándose entre medio de las gruesas y punzantes puntas de protección que esta tenía. Francamente nadie sabe en que estado estaba haciendo esta maniobra digna del “Circo de Moscú” pero el caso es que resbaló y se ensartó la palma de la mano en una de las puntas. Tirada en el piso sangrando llamó a sus hijos que ahora si que quedaron perturbados viendo a su madre con el brazo colgando tirada sobre el auto. Los hijos llamaron a los bomberos, porque cresta a los bomberos y no a la ambulancia no lo se, y también a su padre que viene a ser el ex marido de la vecina y quien tuvo la maldita idea de comprarle la casa al frente mío. Una vez más todos los moradores del pasaje tuvimos la oportunidad de poder contemplar el brillo de las estrellas bien entrada la noche.
Como yo estaba medio resfriado le dije a la Patty que saliera a observar el nuevo numerito, ella se puso lo que pudo para evitar el frío, un chaleco chilote y una bata rosada tipo abuelita de cuento que le había heredado-desechado mi suegra hace como 15 años. Pudo ver el operativo del carro de rescate, y una cantidad exagerada de voluntarios bomberiles que no se condecía con el caso más o menos simple y clínico de la mujer, más parecía el ataque a las “torres gemelas” mucho efectivo, sirena, luces y despliegue. De pronto un camarógrafo con su potente luz iluminó a la Patty y los vecinos que comentaban el incidente, Raquel Argandoña micrófono en mano se acercó a entrevistarlos, al lado Claudia Miranda acompañaba a la otra farandulera. “Vértigo Extremo” el pésimo programa de canal 13 que esta vez tenía a las “estrellitas” haciendo de bomberos nos habían caído en gracia en el pasaje, sin asco ni remordimiento filmaron a mi “Chimichurri” con su bata y pinta madrugadora.
Por suerte la vecina pastel del frente días más tarde llamó al canal rogando porque la gente del pasaje no aparecieran en el programa, y la petición fue aceptada, pero claramente estamos en presencia de un show con dos protagonistas que si siguen así pronto nos catapultaran a Hollywood.