
Antes de Internet y la explosión de la globalización me caracterizaba por tener gustos e intereses bastantes peculiares de los cuales me sentía orgulloso. Paso a enumerar:
Era fanático de todo lo que se relacionara con África, me fascinó cuando como a los 11 años descubrí que ese continente no era Tarzán y los monos, ni pura gente pilucha corriendo por la sabana sino que existían ciudades con edificios, estados –casi un centenar- con su historia, política y conflictos, que había diferentes niveles de desarrollo y diversas culturas entre ellas el África del norte árabe más adelantado. Pero sobre todo me enganché con el fútbol africano, desde que en España 82 oí y vi jugar a las selecciones de Camerún y Argelia, la primera que empataba con Italia y la segunda que le ganaba sorpresivamente a Alemania, me enamoré de ese fútbol emergente de países remotos y desconocidos que podían darle pelea a los mejores.
Desde ese momento me sumergí en muchas enciclopedias buscando datos de África, sobre todo fotos de sus ciudades. Recuerdo que solía recorrer innumerables bibliotecas para encontrar nuevas imágenes e información. Respecto al fútbol un compañero del colegio Latinoamericano me regaló una revista en francés especializada en fútbol africano, él había vivido exiliado en Argelia y lo cargoseaba con preguntas sobre como era el país y los equipos de fútbol. Incluso cuando chico y hasta principios de la universidad había creado una liga inventada de fútbol argelino con jugadores, camisetas, resultados y todo. Al principio lo jugaba con unas fichitas y unas bolitas, luego de más grande con un computador y los primeros juegos deportivos que aparecieron.
Respecto a la música de adolescente escuchaba preferentemente a Mike Oldfield y Alan Parsons Project. Este gusto lo compartía con mi amigo Christian. Era toda una odisea encontrar la discografía de ambos especialmente la de Oldfield, recorríamos la “Feria del Disco” y sobre todo la ya extinguida “Fusión” para ver si había llegado algo de ellos. Cuando encontrábamos un disco desconocido la sensación de tocarlo y de ver su la carátula –que en estos músicos siempre eran obras de arte- era casi orgásmica. En un viaje a Brasil –a ver a mis abuelos- pude comprar la colección completa de de Alan Parsons, cuando en una recóndita desquería de Porto Alegre el vendedor me mostró como 8 discos que ni sabía de su existencia casi me desmayo. Muy rara vez ocurría que en un canal recóndito, tipo UCV o en el cable exhibían un video de esos músicos, era una joya, una rareza y un verdadero privilegio poder tener la suerte de alcanzar a verlos.
En literatura y cine lo mismo, siempre me fascino el terror, mis favoritos eran Poe, Stepehen King y sobre tod HP Lovecraft. Este último sobre todo era uno de mis fetiches. Me compré en un viaje a Buenos Aires la colección completa de sus obras y se las mostraba a mis conocidos como si tuviese las tablas de la ley guardadas en mi escritorio. Malditos aquellos amigos a los que alguna vez les preste algunos libros de Lovecraft y nunca me los devolvieron, lamentablemente me acuerdo de los libros que perdí pero no de los nombres de esos amigos.
En cine mi opción iba por John Carpenter y George Romero, esperaba con ansias los estrenos de sus escasas películas y recuerdo en que con la cinta “El Pueblo de los Malditos” que tuvo pésima crítica haber sido el único gil que se paró a aplaudirla en el teatro.
Otro importante pasatiempo fue escuchar radios de Onda Corta, era un hobby muy choro que recibe el nombre técnico – no me se el psiquiátrico- de “Diexismo”. En mi casa había una vieja radio marca Zenit que manejaba muchas frecuencias y además incluía un mapa con las zonas horarias. Con ella me inicié captando radios de todo el mundo, Radio Moscú, Radio Habana Cuba, Radio Berlín Internacional de la RDA, Radio Nederland, la BBC, todas las típicas pero lo más valioso era llegar a escuchar frecuencias curiosas; algunas veces por cambios en la atmósfera que influyen estas ondas pude escuchar con claridad Radio Siria, Radio Teherán, radio Tirana de Albania, y Radio Sofía de Bulgaria, etc. Al respecto, el regalo más fantástico que he recibido alguna vez en mi vida fue cuando mi padre me regaló una radio Multifrecuencia digital marca Philips. Yo estaba en primero medio, recuerdo que simplemente no quería ir al colegio sólo quedarme buscando y escuchando radios. Luego con un manual aprendí a hacer antenas de radio me subía al techo a ponerlas y luego las conectaba a mi equipo mejorando su señal.
Casi todas estas radios transmitían en español y en otros varios idiomas, pues para la mayoría de los estados servían - especial para los de la orbita soviética- como herramienta de propaganda en plena Guerra Fría
Un día un compañero de curso me prestó un librillo que incluía las direcciones y datos de casi todas las radios de onda corta, y se me ocurrió enviarle cartas a varias de ellas pidiendo que me mandaran información de sus países. A las dos semanas me empezaron a llegar las respuestas, a veces cartas con pequeños escritos, pero muchas otras unos sobres gigantes llenos de revistas e información, el sólo ver esos inmensos sobres y pensar en los regalos que contenían me hacían alucinar. Recibí unas pulseras del día de la primavera de Bulgaria, unas revistas de Radio Nederland, un tremendo libro a todo color de Albania, muchas revistas de propaganda de Alemania oriental, etc. A menudo estos grandes sobres venían abiertos e incompletos ya que estamos hablando del año 85 y 86 en que un voluminoso paquete de un país socialista era sospechoso para los censores de la dictadura.
Todos estos gustos y muchos otros me hacían sentirme muy especial, muy diferente, cosa que valoraba mucho. Disfrutaba ese sentido de ser bicho raro, y también la de muy de tanto en tanto toparme con alguien que compartiera alguna de estas inclinaciones.
Es que justamente eso era lo que sentía, que como un arqueólogo o paleontólogo, iba encontrando tesoros y vestigios ocultos. Era la sensación del coleccionista, de encontrar una estampilla o un objeto que pocos o nadie tenían.
Y un día llegó Internet, por su puesto mi siempre tecnologizado amigo Pancho me lo presentó. Cuando el me contaba que podía navegar por sitios de todo el mundo me era simplemente fascinante, ciencia ficción pura. Al segundo al ver esas páginas que se desplegaba una cada 5 minutos con suerte, o bajar extractos de música que siempre quise tener me enamoré a primera vista y perdidamente. Por fin podría tener acceso a miles y miles de tesoros que llevaba años buscando, ahora todo estaba al alcance de la mano. Cuando contraté el servicio de REUNA carísimo debo haber sido de los primeros en tener acceso a Internet en Chile.
Sin embargo como el tiempo lo demostró era un amor envenenado:
Hoy puedo visitar por Internet la página oficial de la Asociación Africana de Fútbol la CAF y entrar a los sitios de cada selección hasta la del país más raro, puedo ver los videos de todas las copas africanas de naciones. Más aun algunos sitios me dan en línea los resultados de los partidos que se juegan en este mismo instante en Camerún. Por cable ahora se transmiten en el canal de Francia (no recuerdo el nombre) desde cuartos de final y en directo todas las copas Africanas de naciones.
Sólo con Google Earth puedo revisar fotos y de a varias de cada país de África tomada por el negrito que recién andaba con su cámara digital por ahí y fotografió un rincón de su ciudad, con su novia y su perro. Puedo escuchar radio en vivo de cualquiera ciudad del continente y ver televisión en directo.
Respecto a la música puedo bajar el MP3 o los discos que se ocurra, no sólo de Oldfield y Alan Parsons, sino de todo: sellos independientes, temas del estilo alternativo que sea, puedo crear radios con que customizan mis gustos, etc. Por Youtube tengo disponibles los videos que en otro tiempo hubiese hipotecado casi la existencia para tenerlos. Y me he dado cuenta que son miles, cientos y millones los que siguieron y siguen a los músicos que me gustaban en la adolescencia así como los que prefiero hoy en día. Alan Parson ya ha venido 3 veces a Chile en los últimos años y la verdad ya ni lo voy a ver.
Para la literatura y el cine más o menos el mismo proceso, librerías virtuales, ARES, y el sitio IMDB me permiten tenerlo todo y conocer a otros trillones de fanáticos de mis autores y directores predilectos.
La onda corta esta en irremediable decadencia, hoy se puede acceder vías streaming a esas mismas radios tan difíciles de escuchar antaño, en sonido estereo y cuantas veces uno quiera, pero además se puede ver en esos mismos sitios programas de televisión asociados a esas mismas entidades.
Así es que Internet ha sido como la llave maestra, lo que siempre creí querer. Un “Abrete Sesamo” magistral que me entregó de un sopetón y de una sola vez la inmensidad del placer.
Pero, que le pasa al coleccionista de estampillas al que le regalan de un plumazo un paquete con miles de las más complejas estampillas? Que ocurriría con un arqueólogo si de de repente cualquier gil hace un hoyo en su casa y desentierra Momias y Machu Pichus?, o un niño al que le regalan una pieza completa con los juguetes que siempre deseó?.
La respuesta, al menos para mi, es que todas las inquietudes van perdiendo paulatinamente la gracia. Tengo la sensación que sin truco no hay magia, sin espera expectación y sin misterio no hay placer ni descubrimiento.
Era fanático de todo lo que se relacionara con África, me fascinó cuando como a los 11 años descubrí que ese continente no era Tarzán y los monos, ni pura gente pilucha corriendo por la sabana sino que existían ciudades con edificios, estados –casi un centenar- con su historia, política y conflictos, que había diferentes niveles de desarrollo y diversas culturas entre ellas el África del norte árabe más adelantado. Pero sobre todo me enganché con el fútbol africano, desde que en España 82 oí y vi jugar a las selecciones de Camerún y Argelia, la primera que empataba con Italia y la segunda que le ganaba sorpresivamente a Alemania, me enamoré de ese fútbol emergente de países remotos y desconocidos que podían darle pelea a los mejores.
Desde ese momento me sumergí en muchas enciclopedias buscando datos de África, sobre todo fotos de sus ciudades. Recuerdo que solía recorrer innumerables bibliotecas para encontrar nuevas imágenes e información. Respecto al fútbol un compañero del colegio Latinoamericano me regaló una revista en francés especializada en fútbol africano, él había vivido exiliado en Argelia y lo cargoseaba con preguntas sobre como era el país y los equipos de fútbol. Incluso cuando chico y hasta principios de la universidad había creado una liga inventada de fútbol argelino con jugadores, camisetas, resultados y todo. Al principio lo jugaba con unas fichitas y unas bolitas, luego de más grande con un computador y los primeros juegos deportivos que aparecieron.
Respecto a la música de adolescente escuchaba preferentemente a Mike Oldfield y Alan Parsons Project. Este gusto lo compartía con mi amigo Christian. Era toda una odisea encontrar la discografía de ambos especialmente la de Oldfield, recorríamos la “Feria del Disco” y sobre todo la ya extinguida “Fusión” para ver si había llegado algo de ellos. Cuando encontrábamos un disco desconocido la sensación de tocarlo y de ver su la carátula –que en estos músicos siempre eran obras de arte- era casi orgásmica. En un viaje a Brasil –a ver a mis abuelos- pude comprar la colección completa de de Alan Parsons, cuando en una recóndita desquería de Porto Alegre el vendedor me mostró como 8 discos que ni sabía de su existencia casi me desmayo. Muy rara vez ocurría que en un canal recóndito, tipo UCV o en el cable exhibían un video de esos músicos, era una joya, una rareza y un verdadero privilegio poder tener la suerte de alcanzar a verlos.
En literatura y cine lo mismo, siempre me fascino el terror, mis favoritos eran Poe, Stepehen King y sobre tod HP Lovecraft. Este último sobre todo era uno de mis fetiches. Me compré en un viaje a Buenos Aires la colección completa de sus obras y se las mostraba a mis conocidos como si tuviese las tablas de la ley guardadas en mi escritorio. Malditos aquellos amigos a los que alguna vez les preste algunos libros de Lovecraft y nunca me los devolvieron, lamentablemente me acuerdo de los libros que perdí pero no de los nombres de esos amigos.
En cine mi opción iba por John Carpenter y George Romero, esperaba con ansias los estrenos de sus escasas películas y recuerdo en que con la cinta “El Pueblo de los Malditos” que tuvo pésima crítica haber sido el único gil que se paró a aplaudirla en el teatro.
Otro importante pasatiempo fue escuchar radios de Onda Corta, era un hobby muy choro que recibe el nombre técnico – no me se el psiquiátrico- de “Diexismo”. En mi casa había una vieja radio marca Zenit que manejaba muchas frecuencias y además incluía un mapa con las zonas horarias. Con ella me inicié captando radios de todo el mundo, Radio Moscú, Radio Habana Cuba, Radio Berlín Internacional de la RDA, Radio Nederland, la BBC, todas las típicas pero lo más valioso era llegar a escuchar frecuencias curiosas; algunas veces por cambios en la atmósfera que influyen estas ondas pude escuchar con claridad Radio Siria, Radio Teherán, radio Tirana de Albania, y Radio Sofía de Bulgaria, etc. Al respecto, el regalo más fantástico que he recibido alguna vez en mi vida fue cuando mi padre me regaló una radio Multifrecuencia digital marca Philips. Yo estaba en primero medio, recuerdo que simplemente no quería ir al colegio sólo quedarme buscando y escuchando radios. Luego con un manual aprendí a hacer antenas de radio me subía al techo a ponerlas y luego las conectaba a mi equipo mejorando su señal.
Casi todas estas radios transmitían en español y en otros varios idiomas, pues para la mayoría de los estados servían - especial para los de la orbita soviética- como herramienta de propaganda en plena Guerra Fría
Un día un compañero de curso me prestó un librillo que incluía las direcciones y datos de casi todas las radios de onda corta, y se me ocurrió enviarle cartas a varias de ellas pidiendo que me mandaran información de sus países. A las dos semanas me empezaron a llegar las respuestas, a veces cartas con pequeños escritos, pero muchas otras unos sobres gigantes llenos de revistas e información, el sólo ver esos inmensos sobres y pensar en los regalos que contenían me hacían alucinar. Recibí unas pulseras del día de la primavera de Bulgaria, unas revistas de Radio Nederland, un tremendo libro a todo color de Albania, muchas revistas de propaganda de Alemania oriental, etc. A menudo estos grandes sobres venían abiertos e incompletos ya que estamos hablando del año 85 y 86 en que un voluminoso paquete de un país socialista era sospechoso para los censores de la dictadura.
Todos estos gustos y muchos otros me hacían sentirme muy especial, muy diferente, cosa que valoraba mucho. Disfrutaba ese sentido de ser bicho raro, y también la de muy de tanto en tanto toparme con alguien que compartiera alguna de estas inclinaciones.
Es que justamente eso era lo que sentía, que como un arqueólogo o paleontólogo, iba encontrando tesoros y vestigios ocultos. Era la sensación del coleccionista, de encontrar una estampilla o un objeto que pocos o nadie tenían.
Y un día llegó Internet, por su puesto mi siempre tecnologizado amigo Pancho me lo presentó. Cuando el me contaba que podía navegar por sitios de todo el mundo me era simplemente fascinante, ciencia ficción pura. Al segundo al ver esas páginas que se desplegaba una cada 5 minutos con suerte, o bajar extractos de música que siempre quise tener me enamoré a primera vista y perdidamente. Por fin podría tener acceso a miles y miles de tesoros que llevaba años buscando, ahora todo estaba al alcance de la mano. Cuando contraté el servicio de REUNA carísimo debo haber sido de los primeros en tener acceso a Internet en Chile.
Sin embargo como el tiempo lo demostró era un amor envenenado:
Hoy puedo visitar por Internet la página oficial de la Asociación Africana de Fútbol la CAF y entrar a los sitios de cada selección hasta la del país más raro, puedo ver los videos de todas las copas africanas de naciones. Más aun algunos sitios me dan en línea los resultados de los partidos que se juegan en este mismo instante en Camerún. Por cable ahora se transmiten en el canal de Francia (no recuerdo el nombre) desde cuartos de final y en directo todas las copas Africanas de naciones.
Sólo con Google Earth puedo revisar fotos y de a varias de cada país de África tomada por el negrito que recién andaba con su cámara digital por ahí y fotografió un rincón de su ciudad, con su novia y su perro. Puedo escuchar radio en vivo de cualquiera ciudad del continente y ver televisión en directo.
Respecto a la música puedo bajar el MP3 o los discos que se ocurra, no sólo de Oldfield y Alan Parsons, sino de todo: sellos independientes, temas del estilo alternativo que sea, puedo crear radios con que customizan mis gustos, etc. Por Youtube tengo disponibles los videos que en otro tiempo hubiese hipotecado casi la existencia para tenerlos. Y me he dado cuenta que son miles, cientos y millones los que siguieron y siguen a los músicos que me gustaban en la adolescencia así como los que prefiero hoy en día. Alan Parson ya ha venido 3 veces a Chile en los últimos años y la verdad ya ni lo voy a ver.
Para la literatura y el cine más o menos el mismo proceso, librerías virtuales, ARES, y el sitio IMDB me permiten tenerlo todo y conocer a otros trillones de fanáticos de mis autores y directores predilectos.
La onda corta esta en irremediable decadencia, hoy se puede acceder vías streaming a esas mismas radios tan difíciles de escuchar antaño, en sonido estereo y cuantas veces uno quiera, pero además se puede ver en esos mismos sitios programas de televisión asociados a esas mismas entidades.
Así es que Internet ha sido como la llave maestra, lo que siempre creí querer. Un “Abrete Sesamo” magistral que me entregó de un sopetón y de una sola vez la inmensidad del placer.
Pero, que le pasa al coleccionista de estampillas al que le regalan de un plumazo un paquete con miles de las más complejas estampillas? Que ocurriría con un arqueólogo si de de repente cualquier gil hace un hoyo en su casa y desentierra Momias y Machu Pichus?, o un niño al que le regalan una pieza completa con los juguetes que siempre deseó?.
La respuesta, al menos para mi, es que todas las inquietudes van perdiendo paulatinamente la gracia. Tengo la sensación que sin truco no hay magia, sin espera expectación y sin misterio no hay placer ni descubrimiento.