jueves, septiembre 21, 2006

Mochileando en Mantilhue: Parte I


Con mi amigo Cristian bajamos del helicóptero vestidos de comandos, con nuestras caras pintadas de guerra, un cuchillo en los dientes, y la metralleta en nuestros brazos. Los escasos habitantes rurales de la zona costera norte del lago Puyehue gritaban despavoridos mientras los perseguíamos atrapábamos y liquidábamos ahí mismo, ancianos, Testigos de Jehová y los que se emborrachaban en la playa ese fin de semana nos miraban impactados, desorientados antes que blandiéramos nuestra armas en sus vientres. Como en un juego de niños cada asesinato lo celebramos como un gol, golpeándonos las manos en un saludo en el aire. Luego de matarlos a todos rociamos las casas y cabañas con parafina e incendiamos el pueblucho completo. Reíamos a carcajadas, demencialmente mirando como se consumía el pueblo y sus habitantes. De pronto en medio del holocausto al unísono elevamos nuestros metralletas al cielo, no habíamos gastado una sola bala, reservándolas para nuestros peores enemigos, así disparamos y de inmediato cayeron miles de coliguachos atravesados por nuestros disparos. Estábamos más alegres que nunca, más satisfechos que con los humanos. Luego apretando los dientes, seguimos disparando a los insectos, caían de miles, chorreándonos su sangre bicheril ………………………….

Desperté jadeando de la emoción intensa y vengativa que me había provocado el sueño, pero la realidad se hizo presente con la habitual oscuridad que nos acompañaba esas vacaciones, ahí estaba la carpa iglú para 4, el saco de dormir, la ropa y cachureos varios amontonados a nuestros pies y mi amigo Cristian, durmiendo arrebujado en su saco. Recién amanecía y no había caras pintadas, ni armas ni nada que nos permitiera enfrentarnos con dignidad a nuestra terrible realidad, estábamos mochileando en Mantilhue algo equivalente al Bagdad actual pero de los mochileros. Un lugar terrible y tenebroso al que habíamos llegado por una mala recomendación y de donde no podíamos escapar.

Días atrás en el bus que nos llevaba al sur con mi compañero conversamos sobre lo inadecuado que era ir al baño en un bus y peor aun sentarse a depositar desechos humanos en el WC. Simplemente asqueroso e incomodo eso no era por cierto para nosotros. Luego esas palabras recobrarían caprichosamente su sentido.

De mañana llegamos a Temuco y rápidamente tomamos otro bus a Osorno, luego Río Bueno y de ahí una locomoción rural a Mantilhue. El vehiculo tomo dirección hacia el este cordillerano, en un camino extraño, estando en la 10ª región con su verdor natural este paisaje se veía árido y plano, los villorrios que eran muchos se parecían deshabitados y fantasmales como de cuento Lovecrafiano. Lo otro que llamó mi atención era lo extenso del camino, llevábamos varias horas internándonos más y más por esa planicie monótona y nunca llegábamos a destino. De tanto en tanto el asistente del chofer a quien llamábamos el azafato se acercaba a nosotros:

- A donde dijeron que iban?
- A Mantilhue.
- Pero si ahí no hay na…. Tan seguros?

Con Christian nos habíamos puesto de acuerdo que cada uno escogería un destino, y Mantilhue había sido mi elección. Yo tomé la guía de camping de la Turistel y me fijé en que recinto tuviera más estrellitas (en abecedario Turistel más belleza natural) y menos signo $ que no tengo para que explicar que era, y el resultado de esa combinación resultó ser Mantilhue. Más buena infraestructura – así decía - de camping, una larga playa y una vegetación generosa. Era, se suponía, a la segura.

Cuando ya todos se habían bajado de la diligencia y de ello había transcurrido una hora y mientras el azafato nos habían continuado mirando con una mezcla de pena e incomprensión el bus nos arrojó en Mantilhue.

El lugar era raro, el hermoso lago Puyehue por un lado, junto una larga playa aplanada llena de marcas de automóvil, al frente un campo plano y extenso, un tanto árido y pampino, se podía ver hasta muy lejos sin montañas de por medio a su vez unas pocas casas de madera destartaladas e intermitentes que se asomaban por la costa. Al final del camino se podía ver una península rocosa tapizada de árboles altos que marcaba un particular fin de mundo. Y el más absoluto desierto humano, nadie afuera, nadie en el lago bañándose, cero asomo de turismo ni de camping alguno. Pensamos que nos habíamos equivocado, el lugar no era muy bonito como decía el famoso librillo, y su famosa infra no aparecía.

Atinamos en medio de la confusión a llamar a viva voz a una de las casas, después de un rato y con calma agro-frutícola salió una abuelita a recibirnos.

-“No niños aquí no hay ni una cuestión de camping, hace muchos años que cerraron” y continuó.

- “Pero no se preocupen aquí tengo un pastito muy bueno donde pueden acampar” y extendió su dedo huesudo y vetusto en dirección a sus extensos campos en medio de las vacas. Terreno ondulado y pastoso pero en nuestra desesperación lo aceptamos.

- “Además tengo unos bañitos muy lindos y limpiecitos niños” que pueden ocupar sin problemas.

- “Ok señora” le dijimos “creemos que estaremos hasta mañana en que tomemos el bus de vuelta a Río Bueno ya que pensamos que había un camping aquí”…

- “No, no, no chiquillos si este bus pasa re nunca, pal próximo lunes creo que pasa otro”.

Nótese que estábamos a miércoles, nos esperaban largos 5 días en Mantilhue… mucho más largos de lo que esperábamos.

7 comentarios:

Anita dijo...

Noooo! y esperaron resignados los 5 días? Me ha pasado que hemos llegado a lugares semi recomendados por Turistel y te encuentras con un descampado o sitios olvidados. Saludos, Johny, y estaré atenta a la parte II.

_survive_ dijo...

disculpa pero si mal no recuerdo , mis papas tienen fundo en mantilhue y desconozco todo lo que dices existe locomocion rural a las 6 , 7 y 8 de la mañana luego a la 12 dl dia para luego un recorrido a las 3 de la tarde y otro a las 5 y el ultimo a las 7 de la tarde , existen camping tambien sobre todo para el lado del denominado arenal , que pena que hables asi de un lugar muy bello que aun no se ha contaminado de flytes que se las dan de mochileros y gente sucia que contamina las playas sin la menor preocupacion ...lo unico que te puedo decir ....deja de fumar lo que estas fumando por que el lugar que describes no es verdadero ...

Anónimo dijo...

pucha compadre dejame decirte que le pusite mucho color a tu historia algo mentirosa. yo soy uriundo de mantilhue amo este lugar y vivo desde que naci aqui y dejame decirte que camping hay 5 hace ya 20 años asi es que si vas a comentar cosas que son mentiras no expongas tus vivencias. o llamalo FABULA ya que no estas haciendo retroceder hace 40 años. o por lo menos si eres mochilero INFORMATE.

Anónimo dijo...
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Osvaldo del Valle dijo...

Amigo Mantilhueño, qué sería de 100 años de soledad si Macondo hubiera tenido comentarios como el suyo. Qué sería del realismo mágico de García Márquez y la chilensis Isabel Allende, si la sabrosura de sus relatos fuera pura y santa verdad. Déjese llevar por su curiosidad y entienda su natal Mantilhue como el paraíso perdido de este par de mochileros casi cuarentones...

Ivonne dijo...

anonimo ¿te atreves a compararte con GARCIA marquz e Isabel Allende? o sea si bien es cierto Macondo era un lugar ficticio, con personajes ficticios, pues lo son, lo dijo en una entrevista y no hacia alucion a ningun lugar tan especifico como lo haces tu, piensas acaso que nosotros los Mantilhuanos no merecemos respeto
dedicate a otra cosa mejor ya que escribiendo fantacias ofendes a toda una Comunadad

Anónimo dijo...

Naci y me crie hasta los once años en Mantilhue. Por cosas de la vida mi Padre decidió emigrar a Santiago. Lugar no apto para personas sanas y buenas de corazón. Pasaron los años y nunca me pude acostumbrar a esta urbe, agitada, ruidosa e insana donde cada día que pasa los flaytes y la delincuencia van de la mano. Con los años me he vuelto melancólico y lo único que quiero es volver a la tierra donde naci y ojalá que no tengan Camping para no toparme con nada que tenga que ver con flaytes y demas dandose las de mochileros. Es más en unas vacaciónes que fui un par de años atras, escuché a un lugareño decir ¡Tengan cuidado con sus cosas poque andan Santiaguinos! Me quedó mas que claro a lo que se refería. Espero que termines bien tu cuento y no sea una lata como los cien años de soledad.