lunes, octubre 02, 2006

Garage Olimpo


Desde hace unos pocos años pero sobre todo unos cuantos meses tengo una compulsión por el cine, busco, arriendo, veo, proyecto, copio películas todo el tiempo y me la paso entre Bazuca, Blockbuster, IMDB.com y labutaca.net. Me ocurre que cuando la oferta es grande, el entusiasmo decrece, vale decir, a esta altura he visto tantas películas que muy pocas me hacen mucho sentido o llegan al corazón.

Una cuestión fantástica es poder conseguir vía bajada de Internet cintas que aun no se estrenan en Chile a pesar de que son de hace varios años, en este paquete está “Hotel Rwanda”, “Sophie Scholl”, “Hardy Candy” todas buenísimas y a la que me referiré ahora que simplemente me deslumbró, “Garage Olimpo”.

Es una película Argentina del año 2000 dirigida por Marcos Bechis que trata sobre una de las tantas historias trágicas de la represión militar argentina en los años de la “Guerra Sucia”. En este caso el de una joven activista de 18 años años que dedicaba parte de su vida a alfabetizar los sectores pobres de Buenos Aires y que es detenida en su casa por un comando represivo los famosos escuadrones de la muerte y es trasladada al tristemente celebre “Gararge Olimpo” lugar de detención, tortura y muerte.

La protagonista en el “Garage Olimpo” se encuentra con su delator que resultó ser un inquilino de la casa que compartía con su madre, un muchacho que siempre se mostró enamorada de ella. Pero todo era una cortina de humo para investigarla ya que el joven resulta ser un torturador más del comando. Sin embargo dentro del recinto este hombre, a su torcida manera parece seguir queriendo a la chica, y la ayuda en medio de la reclusión tener un pasar más tranquilo, evitándole nuevas torturas, dándole mejor comida, etc. a cambio de que ella sea su amante. Todo ello provoca una extraña mezcla de esclavismo por conveniencia pero no carente del todo de sentimientos.

Lo que de buenas a primeras pueda parecer un relato clásico de cine político épico, en verdad es un obra de arte muy sensible, respetuosa con el espectador, sobria y pavorosa al mismo tiempo. Su gran virtud radica en mostrar a los verdugos tal cual eran, gente de apariencia normal, que después de torturar y aniquilar a sus victimas marcaban tarjeta y volvían a sus casas a ver a sus hijos y mujeres como si no pasará nada. En el mismo sentido se muestra constantemente el carácter rutinario y burocrático del trabajo del victimario: cada uno moviéndose con un carrito con ruedas con la batería eléctrica y la picana entrando de celda en celda, con una tabla de aplicación de corriente según el peso del detenido, si un prisionero se estaba muriendo un doctor llegaba a controlarlo y reanimarlo para que lo pudieran seguir apremiando, en los ratos libres en medio de la agonía y el sufrimiento de sus victimas jugaban pin-pong indiferentes para sobrellevar el tedio. Se ven los roces casi de cualquier pega entre estos funcionarios del terror, y reuniones de coordinación todos los días con el Jefe de la Unidad para ver el estado de los interrogatorios, a que prisioneros se les debía aplicar más violencia, a quienes matar y a quienes lanzar en avión al rió de la plata. Todo como un trabajo más, sin grandes emociones imbuido en la rutina.

Esto rememora y reproduce, la actitud fría e indiferente de los funcionarios SS en los campos de concentración nazis siempre preocupados de archivar, escribir informes y cuantificar su barbarie, del cálculo tecnócrata de los aviadores norteamericanos al lanzar sus bombas en Hiroshima, y finalmente todas las estructuras de “inteligencia” que a través de la historia y por su puesto en Chile posibilitaron grandes matanzas, persecuciones y genocidios. Para sus ejecutores, como se demuestra mil veces, su obra no fue más, que su trabajo, su obligación, nada más. Ser buenos funcionarios, llevar a cabo su cometido, eso era para ellos importante, independiente de las vidas en juego, de la degradación y del sufrimiento extremo que provocaron.

Un recurso notable del film es la constante exhibición de vistas aéreas de la bullante ciudad de Buenos Aires en movimiento, que sin palabras ni sonidos hace sentir al espectador que toda la tragedia de aquellos años era succionada por esa inmensa urbe que seguía funcionando como si nada, reflejando la soledad pasmosa de los detenidos y sus causas. Ningún lugar en el mundo se paraliza por el horror de algunos, la vida sigue su curso parece querernos decir.

Y la imagen final del avión de las fuerzas aérea argentina abriendo su escotilla para lanzar seres humanos vivos al Río de la Plata, en medio de una opera militar es simplemente sobrecogedora, espeluznante y al mismo tiempo estéticamente brillante. Un himno a la barbarie, como aquella opera de Wagner en medio de los bombardeos americanos sobre Vietnam de “Apocalypse Now” .

Siempre es más fácil hacer una caricatura de la condición humana y de la violencia en particular cayendo en el maniqueísmo tipo western de mostrar a los torturadores como malos feos y pervertidos. Del mismo modo el pase al efectismo facilista, a la crudeza representativa también es un camino corto. Atormentar al espectador con las sesiones de tortura o asesinato para remecerlo es la vía más fácil pero también más burda. Sin embargo “Garage Olimpo” no recurre a nada de eso, al contrario, nos recuerda que el terror es parte de la condición humana, que en determinadas circunstancias históricas y sociológicas tu amable vecino o amigo se puede transformar en tu verdugo y que el o los verdaderos demonios no tienen capa, cuernos ni tridente sino que están entre nosotros y no se compartan en la cotidianeidad muy diferente que nuestros similares. Hay que tener estomago y valentía para exponer esto y al mismo tiempo no perder el hilo de que estamos enfrente de una monstruosidad injustificable.

En síntesis está película si me llegó al corazón y aun no me la saco de la cabeza. Se las recomiendo.

5 comentarios:

Luciana dijo...

Y en la misma línea, te recomiendo "Imagining Argentina", en que la vuelta de tuerca es la videncia del personaje principal.
Un abrazo enorme...

Pablo dijo...

Hola Johny, la película no la he visto, pero tu comnatrio me recordó la pelícuela "La Huida", que me gustó harto justamente por los que tú dice, eso de mostrar a los asesinos y genocidas -en ese caso el propio Hitler en sus últimos días- como personas normales, aún en las condiciones más extremas.
A lo mejor esa es la principal lección de toda barbarie humana -incluida la reciente de Chile- es que no son los malos los que buscan acabar con los buenos, sino la maldad que late en cada uno de nosotros la que a veces despierta, y es labor de toda sociedad estar atenta y prevenir que esa pulsión destructiva se convierta en tragedia humana.
Ahora, igual creo que hay gente más mala que otra, y con una horrible propensión a hacer sufrir a otros, el sadismo extremo no creo que tenga una distribución estadística normal en la población humana.
Saludos, Pablo.

Pablo dijo...

Perdón, me equivoqué, no era "La Huida", sino "la Caida" o "El hundimiento" (Der Untergang).

Johny Shats Sitton dijo...

Gracias Marcy por el dato de la película voy a incorporarla de inmediato a mi listado.

Estoy 100% de acuerdo contigo Pablo justamente lo que dices es mi eterna reflexión acerca de que aunque es verdad que la maldad existe son más bien las circunstancias históricas y culturales las que predisponen a las personas o a los pueblos a actuar de una determinada manera. Y por ahí hay que trabajar.

La caída la vi es extraordinaria. Me recuerdo de las críticas de la comunidad judía al respecto de mostrar a un Hitler humano (ni que hubiese sido batracio). Hay gente a la que nunca se puede dejar contenta.

Saludos

Johny.

Anónimo dijo...
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