
A contrapelo de varios malos augurios la clase media Chilena no se ha reducido en lo absoluto sino al contrario, el crecimiento económico ha ido aparejado de la irrupción de nuevos sectores emergentes que han engrosado este grupo transformándolo con mucho en el más numeroso del país.
Especialmente en Santiago es impresionante el crecimiento poblacional de las comunas de clase media, La Florida, Puente Alto, Maipú y en menor medida Peñalolen. La mayoría pertenece a estratos medios y medios bajos que se han beneficiado especialmente en los últimos 20 años de la más que duplicación del aumento del ingreso per capital y del acceso a la cultura consumista del crédito.
Las administraciones post democracia han logrado a través del presente modelo económico la masificación de casi todos los servicios sociales. Hoy hay más acceso a la salud, más niños en la educación Parvularia, Básica y Media. Muchos más acceso a la Educación superior -la mayoría de los universitarios son la primera generación en sus familias en esta instancia-, en vivienda lo mismo, a través del sistema público o el privado hay más propietarios. Sumado a índices que comenté en otro post; reducción abrupta de la pobreza extrema, indigencia, desnutrición, etc.
El proceso antes descrito a mi juicio ha tenido como eje, planificado o no el concepto de “Masividad”, es decir, se ha logrado en general una tendencia hacía la horizontalidad, a la inclusión general de las masas en cuestiones que históricamente pertenecían solamente a la elite.
Hasta ahí todo bonito y correcto, el problema es que toda la mencionada horizontalidad se hizo con poco cuidado de la “verticalidad” o de la calidad, tenemos más salud con hospitales colapsados, mas educación con bajísimos niveles de logros académicos, más vivienda pero con muchas casas Chubi y Copeva y cero sentido de urbanidad..
Si bien los hospitales, las viviendas básicas y los liceos poco representan a la nueva clase media que suele estar en isapres, eligen la educación particular y comprarse casas de villa, la falta de verticalidad también la ha tocado de lleno. Los adultos fueron formados en la peor etapa de la educación chilena entre el gobierno militar y los primeros años de la concertación, por lo tanto su formación educacional es francamente penosa. Casi todos tienen cuarto medio, pero su lenguaje, capacidad de análisis y nivel cultural en general es deficiente.
Lo anterior se une a que el modelo económico se instaló y permeó los valores de las familias superando a los débiles y vetustas instituciones formativas del estado. Me refiero a que la gente fue mucho más influida por su nuevo acceso al crédito, por sus aspiraciones materiales que por ejemplo la educación y los canales informativos fiscales. El resultado, bastante grave es que hoy la mayor parte de los chilenos se identifican y relacionan con el paradigma del “Cliente” en desmedro del de “Ciudadano”.
El “Cliente” –haciendo una definición libre- enfoca la vida en el producto que adquiere o quiere adquirir, reclama por sus derechos como consumidor, compite por obtener el mejor beneficio, sus medios laborales y humanos están puestos al servicio de la oferta y la demanda, su enfoque es por esencia individualista, material y competitivo. El “Ciudadano” genérico no sólo enfoca su mirada en si mismo sino en la comunidad a la que pertenece, entiende que el bienestar propio no es excluyente del otro, e implica generar espacios y consensos públicos y urbanos para mejorar la calidad de vida, la información transparente, democracia y respeto hacia el otro son bases de sus desarrollo.
El producto de todo lo mencionado –en todo esto no doy más que mi opinión- es un Chileno medio, con más dinero o acceso a él, semi-alfabetizado, poco calificado, por ende de bajo nivel cultural, arrivista, egoísta, un tanto racista, mal educado (en sus usos sociales), y un tanto prepotente. Naturalmente no hablo de todos nosotros sino de la tendencia o el color que van tomando o tendiendo las cosas. Se me vienen a la cabeza muchos ejemplos sueltos:
- Los chilenos que viajan al exterior en 24, 48 o más cuotas de sus tarjetas de casas comerciales, que miran en menos a los países vecinos y sus ciudadanos, por su puesto de preferencia a peruanos o bolivianos, que reclaman por todo y de malos modos, etc.
- La actitud arribista “aspiracional” de ponerle nombres ingleses a todos los colegios, que se enseñe ingles en los jardines infantiles (como si sirviera de algo).
- El paseo familiar al Mall, como pobre medio de distracción y esparcimiento, anclando la entretención y satisfacción familiar en el Consumo.
- Que a mayoría de los condominios de clase media se llamen “Alto” de tal lugar como “Alto Maipú” o “Santa Maria” como “Santa Maria de Quilicura” y otros engendros.
- La tendencia a conducir mal, a alta velocidad, a comprar autos lo más aparatosos y grandes posibles, 4x4 o similares, a ser prepotente arriba de los vehículos.
- En los medios de comunicación la tendencia al circo de mal gusto, la farándula, la risa fácil y escatológica. Yendo a la programación misma de la TV “Morande con compañía” como programa de alto raiting y “Casado con hijos” como guión crudo y espejo de en lo que nos hemos transformado. Interesante ya que este último programa es una franquicia de una comedia Norteamericana sobre la clase media gringa, que es el modelo que de alguna forma estamos calcando.
- La gente que conversa y hace ruidos en los cines, hace sonar su celular y habla a viva voz sin importarle los otros espectadores.
Dado que los sectores sociales medios altos y altos siempre han sido en general egoístas y arribistas ahora los recién llegados copian a la perfección el modelo transformándonos en un país de “arribistas”.
Me es difícil saber si el desarrollo del modelo chileno pudo haber tenido otra alternativa a esta, fácil y liviano seria afirmarlo de cuajo, quizás sea el residuo, el costo del progreso. Puede ser también una etapa, tal vez las nuevas generaciones o las subsiguientes vengan con un chip diferente. Pero sin duda que este “FRANKEISTEIN” en que nos hemos convertido, esta cultura del “Credit Card” –como la llamaba Tomás Moulian- o del “Happy Hour”, del chileno “Winner” es bien desagradable y hasta vergonzosa.
Especialmente en Santiago es impresionante el crecimiento poblacional de las comunas de clase media, La Florida, Puente Alto, Maipú y en menor medida Peñalolen. La mayoría pertenece a estratos medios y medios bajos que se han beneficiado especialmente en los últimos 20 años de la más que duplicación del aumento del ingreso per capital y del acceso a la cultura consumista del crédito.
Las administraciones post democracia han logrado a través del presente modelo económico la masificación de casi todos los servicios sociales. Hoy hay más acceso a la salud, más niños en la educación Parvularia, Básica y Media. Muchos más acceso a la Educación superior -la mayoría de los universitarios son la primera generación en sus familias en esta instancia-, en vivienda lo mismo, a través del sistema público o el privado hay más propietarios. Sumado a índices que comenté en otro post; reducción abrupta de la pobreza extrema, indigencia, desnutrición, etc.
El proceso antes descrito a mi juicio ha tenido como eje, planificado o no el concepto de “Masividad”, es decir, se ha logrado en general una tendencia hacía la horizontalidad, a la inclusión general de las masas en cuestiones que históricamente pertenecían solamente a la elite.
Hasta ahí todo bonito y correcto, el problema es que toda la mencionada horizontalidad se hizo con poco cuidado de la “verticalidad” o de la calidad, tenemos más salud con hospitales colapsados, mas educación con bajísimos niveles de logros académicos, más vivienda pero con muchas casas Chubi y Copeva y cero sentido de urbanidad..
Si bien los hospitales, las viviendas básicas y los liceos poco representan a la nueva clase media que suele estar en isapres, eligen la educación particular y comprarse casas de villa, la falta de verticalidad también la ha tocado de lleno. Los adultos fueron formados en la peor etapa de la educación chilena entre el gobierno militar y los primeros años de la concertación, por lo tanto su formación educacional es francamente penosa. Casi todos tienen cuarto medio, pero su lenguaje, capacidad de análisis y nivel cultural en general es deficiente.
Lo anterior se une a que el modelo económico se instaló y permeó los valores de las familias superando a los débiles y vetustas instituciones formativas del estado. Me refiero a que la gente fue mucho más influida por su nuevo acceso al crédito, por sus aspiraciones materiales que por ejemplo la educación y los canales informativos fiscales. El resultado, bastante grave es que hoy la mayor parte de los chilenos se identifican y relacionan con el paradigma del “Cliente” en desmedro del de “Ciudadano”.
El “Cliente” –haciendo una definición libre- enfoca la vida en el producto que adquiere o quiere adquirir, reclama por sus derechos como consumidor, compite por obtener el mejor beneficio, sus medios laborales y humanos están puestos al servicio de la oferta y la demanda, su enfoque es por esencia individualista, material y competitivo. El “Ciudadano” genérico no sólo enfoca su mirada en si mismo sino en la comunidad a la que pertenece, entiende que el bienestar propio no es excluyente del otro, e implica generar espacios y consensos públicos y urbanos para mejorar la calidad de vida, la información transparente, democracia y respeto hacia el otro son bases de sus desarrollo.
El producto de todo lo mencionado –en todo esto no doy más que mi opinión- es un Chileno medio, con más dinero o acceso a él, semi-alfabetizado, poco calificado, por ende de bajo nivel cultural, arrivista, egoísta, un tanto racista, mal educado (en sus usos sociales), y un tanto prepotente. Naturalmente no hablo de todos nosotros sino de la tendencia o el color que van tomando o tendiendo las cosas. Se me vienen a la cabeza muchos ejemplos sueltos:
- Los chilenos que viajan al exterior en 24, 48 o más cuotas de sus tarjetas de casas comerciales, que miran en menos a los países vecinos y sus ciudadanos, por su puesto de preferencia a peruanos o bolivianos, que reclaman por todo y de malos modos, etc.
- La actitud arribista “aspiracional” de ponerle nombres ingleses a todos los colegios, que se enseñe ingles en los jardines infantiles (como si sirviera de algo).
- El paseo familiar al Mall, como pobre medio de distracción y esparcimiento, anclando la entretención y satisfacción familiar en el Consumo.
- Que a mayoría de los condominios de clase media se llamen “Alto” de tal lugar como “Alto Maipú” o “Santa Maria” como “Santa Maria de Quilicura” y otros engendros.
- La tendencia a conducir mal, a alta velocidad, a comprar autos lo más aparatosos y grandes posibles, 4x4 o similares, a ser prepotente arriba de los vehículos.
- En los medios de comunicación la tendencia al circo de mal gusto, la farándula, la risa fácil y escatológica. Yendo a la programación misma de la TV “Morande con compañía” como programa de alto raiting y “Casado con hijos” como guión crudo y espejo de en lo que nos hemos transformado. Interesante ya que este último programa es una franquicia de una comedia Norteamericana sobre la clase media gringa, que es el modelo que de alguna forma estamos calcando.
- La gente que conversa y hace ruidos en los cines, hace sonar su celular y habla a viva voz sin importarle los otros espectadores.
Dado que los sectores sociales medios altos y altos siempre han sido en general egoístas y arribistas ahora los recién llegados copian a la perfección el modelo transformándonos en un país de “arribistas”.
Me es difícil saber si el desarrollo del modelo chileno pudo haber tenido otra alternativa a esta, fácil y liviano seria afirmarlo de cuajo, quizás sea el residuo, el costo del progreso. Puede ser también una etapa, tal vez las nuevas generaciones o las subsiguientes vengan con un chip diferente. Pero sin duda que este “FRANKEISTEIN” en que nos hemos convertido, esta cultura del “Credit Card” –como la llamaba Tomás Moulian- o del “Happy Hour”, del chileno “Winner” es bien desagradable y hasta vergonzosa.








